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domingo, 18 de abril de 2021

Bartolomé Ruiz y la balsa tumbesina (1526)

 



En el segundo viaje de la expedición exploradora de Pizarro, 1526, frente a la Bahía de San Mateo, costa de Manta,  actual Ecuador, el piloto Bartolomé Ruiz encontró una balsa tripulada con indios tallanes que decían provenir de una ciudad llamada Tumbes.  Los españoles capturaron tres jovenzuelos entre estos tripulantes, llamados Fernandillo, Felipillo y Francisquillo, que llegarían a llevar a España para que aprendan la lengua castellana y sirvan de intérpretes al retornar al naciente Perú.  El más famoso de los tres fue Felipillo.  Se trataba de una tripulación quechua hablante trasladando fina mercadería de pueblos de la costa norte peruana.  No era una balsa manteña, sino tumbesina.

"Bartolomé Ruiz, piloto del navío de avanzada, divisó en su camino hacia el sur una balsa que por su tamaño fue confundida con una carabela portuguesa, pero que ante el estupor de los españoles, estaba tripulada por indígenas que comerciaban productos"

Imagen proveniente de "Enciclopedia Temática del Perú" (tomo II) del diario El Comercio (Lima)
Tomada de aquí


De la leyenda a la balsa de tumbesinos

No es de extrañar por eso que, desde antes que llegaran los españoles al Perú, el codiciado país quedara envuelto en un sueño de oro. No se sabía cómo era ni dónde estaba, pero ya el humanista Pedro Mártir de Anghiera en sus Décadas, muchos años antes del descubrimiento del Perú, hablaba del mancebo desnudo, hijo del cacique de Comogre, que escandalizó a los españoles al dar un puñetazo y volcar el oro en polvo que estaban pesando en la balanza y les reprochó que se preocuparan por tan poco cuando más al sur había cantidades fabulosas: "todo aquel lado que mira al Sur desde las aguas vertientes de las montañas cría oro en abundancia". El episodio lo recogen López de Gomara y Las Casas, que hacen decir al mozo Panquiaco que hacia el sur había "oro en mayor cantidad que hierro en Vizcaya".

No importa que Panquiaco no dijera verdad, ni que fuera una estratagema para alejar del istmo a los codiciosos españoles, ni que las minas de oro de que hablaba no estuvieran tan lejos sino casi al alcance de la mano. Lo cierto es que desde entonces la alucinada esperanza de los expedicionarios los estimuló a nuevas conquistas. Unos querían partir de Panamá hacia el Poniente (los valles ricos y próvidos de Nicaragua). Otros hacia el Levante (la que después se llamó con el inventado, o trastrocado, y en todo caso mestizo, de Perú). "Hay nuevas de mucha riqueza", escribe precisamente al Rey el Gobernador Pedrarias Dávila, en 1525, al comunicar el primer viaje de la "armada de Levante" por el Mar del Sur, bajo la capitanía de Francisco Pizarro.

La confirmación no vino sin embargo entonces, sino en el segundo viaje, cuando el navío comandado por el piloto Bartolomé Ruiz encontró una inesperada balsa con indios tumbesinos que navegaba lentamente por el Océano Pacífico. La relación escrita al -parecer por Francisco de Xerez y extractada en España por el Secretario del Emperador Carlos V, Juan de Sámano, narra con frase sobria pero emoción auténtica esos momentos de sorpresa. Es el primer contacto de la cultura de Occidente con la cultura de los Incas, que no tiene como escenario la tierra sino el mar.

"Este navío -dice la relación-... tenía parecer de cabida de hasta treinta toneles; era hecho por el plan y quilla de unas cañas tan gruesas como postes, ligadas con sogas de uno que dicen henequén, que es como cáñamo, y los altos de otras cañas muy delgadas ligadas con las dichas sogas a do venían sus personas y la mercadería en enjuto, porque lo bajo se bañaba; traía sus mástiles y antenas de muy fina madera y velas de algodón... Traían muchas piezas de plata y de oro para el adorno de sus personas, para hacer rescate con aquellas con quien iban a contratar, en que intervenían coronas y diademas y cintos y puñetes y armaduras como piernas, y petos y tenazuelas y cascabeles y sartas y mazos de cuentas y rosicleres y espejos guarnecidos de la dicha plata, y tazas y otras vasijas para beber. Traían muchas mantas de lana y de algodón y camisas y al jubas y alcaceres y alaremes y otras muchas ropas, todo lo más de ello muy labrado de labores muy ricas, de colores de grana y carmesí y azul y amarillo y de todas otras colores, de diversas maneras de labores, y figuras de aves y animales y pescados y arboledas. Y traían unos pesos chiquitos de pesar oro, como hechura de romana, y otras muchas cosas; en algunas sartas de cuentas venían algunas piedras y pedazos de cristal y anime. Todo esto traían para rescatar por unas conchas de pescado de que ellos hacen cuentas coloradas como corales y blancas, que traían casi el navío cargado de ellas".

El relato de Xerez -si es Xerez como parece- tiene la asombrada objetividad, no del testigo de vista -que él no lo pudo ser, porque no estuvo con Bartolomé Ruiz en ese viaje-, pero sí la del que recibió la imagen viva de quienes fueron los felices participantes en ese episodio. Las mantas de rica lana, las diademas y cintos y collares y petos y cascabeles de oro y plata, que se cambiaron por conchas coloradas, y sobre todo la alta balsa en que viajaban veinte hombres cobrizos, fueron el primer encuentro con el buscado Imperio de los Incas. Y la balanza para pesar oro (hay una semejante, hecho de plata y con platillos de oro, en el Museo "Oro del Perú") y las jarcias y velas de la balsa revelaron el adelanto técnico y la organización social de los pueblos peruanos



Texto proveniente de:
Catálogo
Museo de Oro del Perú / Museum Gold of Perú
Textos: Miguel Mujica Gallo
Dirección y producción: Manuel Figueroa Moncada
Lima, 1993


Capítulo IX

La región fronteriza ecuatorial

La región situada a orillas del golfo de Guayaquil forma, junto con las tierras que rodean la bahía de Sechura y los valles del río de la Chira, río de Piura y río Tumbes, el territorio más avanzado del Imperio chimú, cuya línea fronteriza más septentrional debe establecerse en el curso del último de los ríos citados o en la cordillera de Chilla (mapa núm. 1).

La ciudad de Tumbes, situada frente a la isla de Puna, fue también la puerta de entrada de Pizarro y de los conquistadores españoles. En este sitio trabaron los blancos su primer conocimiento con el país de los chimúes y merece por tanto, la pena que nos detengamos con un poco más de detalle en este encuentro histórico memorable, tal como lo describen los cronistas de la época. Aunque los datos que estos dan difieran en algunos puntos, no impide ello obtener, en su conjunto, un cuadro bastante exacto de lo que sucedió.

Cuando [Bartolomé] Ruiz, el piloto de Pizarro, vio en 1526, por primera vez, la ya citada embarcación india, con su gran vela cuadrada (página 8 y sigs.), y abordó la misma, tomó contacto con los indios que se encontraban a bordo. Eran hombres y mujeres de la región de Tumbes, a cuya ciudad pertenecía también la embarcación. Algunos de ellos llevaban ricos aderezos; y traían consigo los objetos más variados de oro y plata, trabajados artísticamente, con los que comerciaban en las diferentes poblaciones del litoral. Lo que más llamó la atención de los españoles fue los extraños indumentos de los indígenas, consistentes en tejidos finísimos, bordados primorosamente, con dibujos de animales y flores, en colores muy vivos. Se trataba de la suave lana de la alpaca y de la todavía más delicada de la vicuña, de las que ambas superan en elegancia a la de la llama, pudiéndose obtener de ellas telas tan brillantes y sutiles que, cuando se mostraron en la corte española, muchas veces no se las pudo distinguir de los tejidos de seda.

Los mercaderes también llevaban consigo algunas balanzas, para pesar los metales nobles; se trataba de instrumentos que los europeos no habían visto hasta entonces en ningún país americano, ni siquiera en Méjico. En los museos se encuentran en la actualidad muchos brazos de balanza, bien conservados, en parte muy delicadamente trabajados en hueso o madera y provistos de refuerzos de plata repujada. Estos objetos, procedentes del territorio chimú, están provistos muchas veces de diminutas tallas; y tienen casi siempre, en el centro y en ambos extremos, perforaciones, de las que la central servía para suspender la balanza, mientras que las laterales estaban destinadas a llevar las cuerdas que sujetaban, bien dos pequeñas redes (lámina XVIII), bien platillos metálicos, en los que se colocaban los objetos que habían de pesar y las pesas necesarias, que eran, probablemente, de piedra. Otros brazos de balanza muestran una perforación en toda su longitud, y llevaban una cuerda dispuesta en el canal así formado, de modo que a un lado se podía sujetar una red y en el otro la pesa correspondiente. Se encuentran hasta balanzas con dispositivos para ajustes de precisión, sirviendo para este caso dos pequeños discos en un anillo, para controlar la posición horizontal. De la balanza romana, sobre la que informan posteriormente varios cronistas, no se ha podido obtener hasta ahora hallazgo alguno en el territorio chimú.

Los mercaderes indios de Tumbes dieron a entender a Ruiz que en su patria estaban los campos poblados por grandes rebaños de animales; y que en los palacios de los soberanos de su pueblo eran el oro y la plata casi tan corrientes como la madera. Se sobrentiende que los españoles escucharon con suma avidez estos informes, que concordaban tan bien con sus propios deseos, decidiendo el piloto, que aunque fuesen algo exageradas las narraciones, convendría retener a dos de aquellos indios, para enseñarles el castellano, con objeto de que más tarde pudiesen servir de intérpretes a sus compatriotas.

Pasó un año hasta que pudieron volver los españoles de nuevo a aquellas tierras, tras muchas penalidades y fatigas, y todavía más en el papel de precavidos y pacíficos exploradores que de conquistadores belicosos. Cuanto más se acercaban al golfo de Guayaquil, tanto más les sorprendían los signos de una mayor cultura, que se manifestaba a través del aspecto del país y de sus moradores; hay que tener en cuenta que en las costas de Panamá y de Colombia no habían encontrado sino salvajes, a veces hasta antropófagos. Por todas partes apreciaban los efectos de la agricultura; y el litoral ofrecía un aspecto más atractivo cada vez. En los llanos de la costa crecía el algarrobo; y los arbustos balsámicos difundían a grandes distancias su dulce perfume. Entremedias, aparecían grandes extensiones de terreno cultivado; en las colinas crecían el maíz y las patatas; y las zonas más bajas lucían el adorno de las floridas matas del cacaotero, oriundo de esta región.

El país aparecía cada vez más densamente poblado; y las poblaciones se hacían visibles en las bahías y ensenadas, siempre que los españoles doblaban una punta de tierra. De cuando en cuando rodeaban la nave de Pizarro balsas que llevaban izada, como una bandera, una máscara dorada, y que aparecían cargadas de guerreros indios. Pronto llegaron los españoles al golfo de Guayaquil, donde los valles se distinguían por su extraordinaria belleza y su fertilidad, mientras brillaban al sol las blancas chozas de los indígenas, en la costa, y las columnas de humo que ascendían entre las colinas denotaban la presencia de uní densa población en el interior. Los europeos veían frente a sí los gigantescos picos, de más de 6.000 metros de altura, de la cordillera de los Andes, que aquí se ofrece con mayor majestuosidad. Vieron el Chimborazo, con su ancha y redondeada cima, que se levanta como la cúpula central de la cordillera; y el Cotopaxi, con su cono de un blanco inmaculado, en aquellos tiempos el volcán más activo y todavía en la actualidad el más alto de los que presentan actividad en el planeta.

Tumbes se ofrecía desde el mar, en 1527, como una ciudad de bastante amplitud con muchas casas de piedra, encuadrada en un paisaje maravilloso. A cierta distancia de la orilla, vio Pizarro cómo se le aproximaban grandes balsas, cargadas de guerreros, que, como muy pronto había de enterarse, habían emprendido una expedición bélica contra la cercana isla de Puna. Cuando Pizarro estuvo lo suficientemente próximo a la escuadra india, invitó, por medio de los intérpretes que entre tanto había formado con las gentes traídas de Tumbes, a que algunos de los capitanes de aquella tropa subiesen a bordo de la nave, a lo que estos accedieron.

Contemplaron con asombro todos los objetos que veían a su alcance; pero su mayor sorpresa fue, sobre todo, el encontrar tan inesperadamente a sus propios compatriotas. Estos les contaron el modo en que habían caído en manos de aquellos hombres extraños, describiéndolos como una especie de seres extraordinarios, que habían llegado a Tumbes sin ninguna mala intención, pues no querían sino conocer aquella tierra y a sus moradores. Esto fue confirmado por Pizarro, que invitó a los indios a regresar a sus balsas, para que informasen a sus conciudadanos de lo que habían visto y oído. Pizarro insistió también en que quería establecer un intercambio amistoso con los indígenas, rogando que le entregasen víveres.

Entre tanto se había amontonado en la orilla gran parte de la población, que contemplaba con inexpresable sorpresa aquella fortaleza flotante, que había lanzado el ancla en las tranquilas aguas del golfo. Escucharon con avidez lo que les contaban sus compatriotas, informando seguidamente de ello al cacique de la ciudad. No tardaron mucho en traer plátanos, maíz, batatas, almendras de cacao y otros productos de la tierra, así como caza, pescado y algunas llamas, de las que Pizarro no había visto hasta ahora sino dibujos muy primitivos, pero ningún ejemplar vivo. Las examinó con el mayor interés, pues se trataba de un ser extraordinariamente curioso para los españoles, quienes lo denominaron “el pequeño camello de los indios”.

Al día siguiente fue enviado a tierra Alonso de Molina, acompañado de un negro que traían de Panamá, para que llevara al cacique de la ciudad presentes consistentes en cerdos y aves, todos ellos animales desconocidos para los indígenas. Molina no se hartó de narrar cosas verdaderamente maravillosas. Ya al tocar tierra le rodearon los indios, que manifestaron su máxima sorpresa por su indumento, lo blanco de su tez y, sobre todo, por la longitud de su barba. Aquellos indígenas imberbes no habían visto jamás en su vida a un personaje tan extraño. Sobre todo las mujeres manifestaron una gran curiosidad por Molina; y hasta quisieron retenerlo consigo.

No era menor la extrañeza por el color negro de la piel de su acompañante. No querían convencerse de que era natural; y trataban de quitar con sus manos la pretendida pintura. Como el africano se dejaba hacer esto, con el buen humor que le distinguía, iluminando la sonrisa de su cara la blanca fila de sus dientes, no tuvo límites el alborozo de los indios. También examinaron con gran curiosidad los animales que habían traído los españoles, y que les eran totalmente desconocidos. Cuando el gallo lanzó, con fuerza y claridad, su orgulloso quiquiriquí, batió palmas todo el pueblo humilde que se había reunido, preguntando qué es lo que había dicho.

Olvidamos en nuestros días con demasiada facilidad la influencia enorme que hubieron de tener sobre los indios todas estas extrañas cosas, y lo mucho que debió contribuir a que se realizase la conquista del país con relativa facilidad. Existe un hecho no menos expresivo y muy emotivo por su ingenuidad, que sucedió durante una de las incursiones anteriores de los españoles en tierras más septentrionales. Dejaron estos en una aldea india, tras de haber reposado en ella, un caballo enfermo, que los indígenas consideraron como un ser superior. Le llevaron a una casa y le ofrecieron toda clase de alimentos que quizá hubiesen deleitado a un hombre: aves asadas y toda clase de bocados exquisitos hechos con carne, ante los cuales el pobre animal murió de hambre lamentablemente.

Los compañeros de Pizarro comprobaron también, con gran sorpresa, durante su marcha hacia Quito, que los indios, al ver por primera vez a los guerreros montados a caballo, no comprendieron que se trataba de dos seres distintos. Creyeron más bien que era un monstruo con dos cabezas, no descubriendo su error hasta que uno de los jinetes cayó de su cabalgadura, motivo por el cual, precisamente, corrieron grave peligro los españoles.

Molina, el enviado de Pizarro, fue conducido en Tumbes a la vivienda del cacique de la ciudad, casa que encontró maravillosamente amueblada y decorada, con ujieres en las puertas y un gran lujo en objetos de oro y plata. Le fueron enseñadas solícitamente diferentes partes de la ciudad india, entre ellas la fortaleza construida con piedras sin tallar, de la que Cieza de León informa que, aunque era de poca altura, ocupaba una gran superficie. Es esto muy corriente en la mayor parte de las edificaciones indias, que no alcanzaban sino a lo sumo dos y muy pocas veces tres pisos de altura, hasta en la época posterior de la dominación incaica. Cerca de esta fortaleza se encontraba un templo que, según el relato de Molina, brillaba de oro y plata.

Esta descripción le pareció tan exagerada a Pizarro, que al día siguiente envió un segundo mensajero de toda su confianza. Eligió para ello al caballero griego Pedro de Candía. Se le llevó a tierra ataviado con toda su armadura, como convenía a un noble, llevaba su espada y hasta un arcabuz. Su aparición causó entre los indios todavía mayor sorpresa que la de Molina, puesto que el sol arrancaba brillantes destellos del arnés y de las armas. Los intérpretes les habían contado mucho de la horrible arma de fuego; y rogaron al emisario la hiciera hablar para ellos. El resplandor del fogonazo, el fuerte estampido del arcabuz y el astillamiento de una tabla por efecto de la bala disparada, no dejaron de impresionar a los indios, de modo que los blancos pudieron estar por lo pronto bien seguros de que se les tendría un profundo respeto.

También Pedro de Candía, hombre de confianza de Pizarro, describió el templo como totalmente cubierto de planchas de oro y plata, informando también que la fortaleza estaba rodeada por una triple hilera de murallas. Vio el convento de las Vírgenes del Sol, de creación incaica relativamente reciente; y encontró allí muchas reproducciones plásticas de frutos, que no eran sino objetos de arte similares a los que en la actualidad se encuentran en muchos museos representando el estilo tardío de los chimúes. Muy importante es también que durante su estancia en la ciudad pudiese comprobar Candía la existencia de una tupida red de conducciones de agua, que garantizaba un suministro perfecto, lo cual coincide totalmente con la información que se ha recogido de las excavaciones hechas en otras ciudades, sobre la época final de la cultura chimú.

Cuando en 1532, volvieron los españoles a Tumbes, ahora como conquistadores, estaba la ciudad casi totalmente destruida con la excepción de muy pocos edificios. El gran templo y la fortaleza habían sufrido grandes estragos; y estaban completamente desprovistos de su decoración interna. Las gentes de Tumbes habían estado, una vez más, en guerra con los habitantes de la isla de Puna, sus eternos enemigos. Los soberanos de esta isla eran los Tumpala o Tumala, que consiguieron mantenerse en cierto modo independientes hasta 1570, o sea ya en tiempos de la dominación española; les había favorecido la poca importancia de su isla y su infatigable belicosidad. Salazar de Villasante cita, hasta en 1573, a don Diego Tómala y a su hijo como soberanos de la isla, hablando de ellos como de buenos cristianos.

En toda la región no predominaba la lengua mochica como idioma principal, sino un dialecto, que denomina Calancha, en un informe bastante impreciso, la “lengua sec”. Parece ser, sin embargo, que “sec” es un término del idioma tallan, hoy desaparecido, y no significa sino de un modo muy general “discurso” o “idioma”. Es muy frecuente, que, al interrogar a los indios, se obtenga de ellos una respuesta de carácter muy ambiguo en lugar de la expresión de un término concreto, debido ello, probablemente, a que muchas veces tienen que adivinar lo que quiere averiguar el interrogador. En la palabra “sec” se encuentra una raíz muy antigua, que aparece en torno al planeta en múltiples idiomas, y que significa “hablar”. En el alemán la encontramos en “sag-en” (decir). Como de toda esta lengua no se conservan, con cierta seguridad, más de cuarenta o cuarenta y cinco palabras, creemos que no merece la pena insistir más en ello.

Las gentes de Tumbes constituían un estado enclavado entre sus vecinos del Norte, pueblos belicosos, pero poco cultos, de la costa ecuatoriana, y los no menos guerreros, pero civilizados súbditos de los chimúes, en el Sur; y por esta razón habían logrado mantener siempre cierta independencia, hasta en el Imperio de los incas. Conservaban rígidamente sus viejas costumbres y usanzas y eran un pueblo de los trópicos, todavía bastante salvaje y agresivo. Los soberanos entretenían a muchos bufones, cantores y danzarines en su corte; no eran raros los vicios perversos; y se realizaban en su país más sacrificios humanos que en el territorio chimú, propiamente dicho. Estos habitantes de las regiones fronterizas eran, sin embargo, agricultores muy laboriosos y muy conocidos por su habilidad en el arte de tejer.

Aunque en tiempos del mayor esplendor de su Imperio fuese el chimú de Chan-Chan el soberano teórico de Tumbes, puede decirse que su verdadera autoridad empezaba en los densamente poblados valles de los caudalosos ríos Chira y Piura, situados inmediatamente más al Sur. El último de ellos recibe en su curso superior el nombre de río Huarmaca y en su desembocadura el de río de Sechura. En estos valles los hallazgos arqueológicos constituyen una prueba irrefutable de la enorme influencia que tuvo allí la cultura de Chan-Chan en su fase más tardía.

En el valle del Chira, lo mismo que en el del Piura se encuentran las primeras pirámides, hechas de adobes, material tan característico para la arquitectura chimú. El río de Chira tiene su origen en territorio ecuatoriano. Procede de los dos lagos Mamayacu y Huaringas, y desemboca en el mar a unos 20 Km. al norte de Paita, siendo tan caudaloso que su curso inferior es navegable.

La parte meridional del curso superior del Chira lleva en la literatura más antigua el nombre de río de Quiroz, apareciendo señalado en los mapas más modernos como río de Quiroy, lo cual es, en esencia, la misma denominación que tiene su curso inferior; mientras que otro brazo más septentrional de su curso superior, recibe, después de la bifurcación de los valles, el nombre de río Catamayo. Entre estos dos ríos se encuentra, en el antiguo valle de Quiroz, la llamada Huaca de Chira, cerca de Sujo (mapa núm. 1).

Era esta la residencia de uno de los doce soberanos, sobre los que también existe una leyenda en el valle del Chira. La longitud de su base es de 120 metros, de Norte a Sur, y de unos 90 metros de Este a Oeste. Desde la terraza superior de esta pirámide triescalonada, debe haberse ofrecido un panorama maravilloso en tiempos de los chimúes, puesto que a sus pies se abre el fértil y amplio valle, teniendo como fondo la silueta de la cordillera de Amotape o La Brea, que se recorta en la lejanía contra el cielo.

La pirámide está construida de adobes mezclados con tierra. En la tercera plataforma se encuentran curiosos restos de muros, que se estrechan fuertemente hacia arriba y que repiten, por tanto, en pequeño, la tendencia de toda la construcción. Tienen en su base una anchura de más de tres metros y alcanzan una altura de apenas cinco. Originalmente estaban estos muros pulcramente recubiertos de argamasa o arcilla, sobre la que todavía se conserva, aunque muy desgastada, una pintura de tintes azules. Posteriormente se los tapó con grandes cantidades de ladrillos toscos, por lo que finalmente aparecía también la tercera terraza, igual que el resto de la huaca, constituida uniforme y firmemente de una mezcla de adobes y tierra.

En toda la costa se repite con mucha frecuencia este brutal recubrimiento de obras anteriores, que los convierte en un montón artificial de tierra. Los nuevos soberanos nunca se mostraron interesados por conservar lo existente, pues solo aspiraban a que imperase su original estilo, manifestando así audazmente la voluntad de su propio deseo de existir. Esto sucede siempre en todas las culturas verdaderamente originales.

En toda la región se han descubierto obras de cerámica del estilo primitivo, que demuestran que estas tierras se encontraron, ya en las épocas más antiguas, bajo la influencia de los chimúes. La mayor parte de los hallazgos pertenece, sin embargo, al estilo tardío, que celebra luego, en la región de Lambayeque, verdaderos triunfos. En diferentes colecciones particulares existentes en Piura, la primera ciudad fundada por los españoles en el Perú, se encuentran también varias vasijas halladas en los alrededores de aquel lugar, fabricadas de arcilla roja, pero con cuello blanco, sobre la que se ha pintado, con un tono pardo negruzco la ornamentación que llamamos cursiva. El resto de la cerámica pertenece al estilo tardío típico, de un solo color, que, en este caso especial, tiene el cono rojo oscuro de la arcilla fuertemente cocida. Estos ejemplares son muy frecuentes, porque en ambos valles vivía una población numerosa, en los últimos tiempos del Imperio.

Para completar nuestra descripción, queremos señalar que entre los hallazgos se encuentran también algunos pertenecientes al estilo de Chavín, que han sido objeto de muchas polémicas en la literatura. Esto no debe sorprendernos, sin embargo, si se tiene en cuenta lo que se dijo en la página 92 sobre la importancia de este estilo en el Imperio chimú, y se observa en el mapa que el río Quiroy penetra profundamente en la cordillera, donde ofrecía condiciones favorables para una colonización.' Una influencia semejante de elementos estilísticos y el trasiego de toda una serie de objetos de cerámica, procedentes de la Ceja de la Costa, se repite en el siguiente río, que penetra más profundamente en las montañas, el Jequetepeque, y en el valle de Pacasmayo, asociado al mismo (mapa núm. 2).

Como el estilo tardío se manifiesta en esta región fronteriza en forma de numerosos objetos de cerámica, lo describiremos, a continuación detalladamente como colofón de este capítulo. El estudiarlo en primer término lo consideramos tanto más justificado cuanto que tiene sobre el estilo primitivo o el arte maduro una gran nitidez realista y pocas pretensiones simbolizantes.

La forma netamente abombada, que descansa plenamente sobre su base, expresa de modo inequívoco en el arte tardío que con ello se quería albergar en el recipiente la mayor cantidad posible de líquido. Por lo demás, queda de manifiesto el agotamiento de la capacidad ornamental de una época cultural en trance de acabarse. Las paredes de las piezas de cerámica se cubren muchas veces con un sistema de formas que muestra todavía un curioso nexo con los antiguos símbolos, pálidamente reflejados por una ornamentación puramente naturalista, que se manifiesta con imágenes estilizadas de plantas y animales.

Todo infunde una sensación de pesadez que contrasta con la ligereza y finura de líneas que caracteriza las obras de las fases anteriores. El conjunto es fuerte y pujante, mostrando únicamente una mediana cohesión en un perfil difuso y pintoresco. Predominan las formas de recipientes cerrados; y faltan, casi por completo, las fuentes abiertas que ofrecen libremente a la vista su contenido. Estas están reservadas al arte de los incas y pertenecen al estilo de Cuzco, de características muy diferentes. La forma de los recipientes es tan pesada como apagado su colorido. La arcilla no tiene el adorno de una pintura multicolor, sino que su superficie se recubre solamente de una especie de esmalte, que consiste, según las investigaciones químicas, en una masa muy similar al material empleado en todo el conjunto. Se distingue solamente de este en que aumenta su contenido en carbono, siendo este elemento el que contribuyó a que concluyera el proceso de oxidación en la superficie de esas piezas.

Los ejemplares de cerámica pardo-rojizos que se encuentran en esta región fronteriza se parecen, con excepción del color, a todos los demás que forman parte del estilo tardío y que son, predominantemente, de color negro. Lo más conveniente es clasificarlos todos bajo el concepto de cerámica monocolor. Su carácter es tan marcado, que se la reconoce inmediatamente en toda colección de antigüedades peruanas. La mayor parte de ellas consiste en arcilla negra, de la que se destacan, casi siempre, las figuras y los adornos en forma de relieve (láminas XXIII y XXIV).

Esta arcilla negra, de color gris oscuro o pardo-rojizo, resiste en la cocción elevadas temperaturas, porque contiene generalmente bastante grafito o materias similares. La proporción de silicio asciende, casi siempre, a más del 60 por 100; la del aluminio oscila entre el 10 y el 20 por 100. El hierro está presente en un 4 al 9 por 100, mientras que el magnesio, el potasio y los carbonates importan menos del 10 por 100; y solo hay indicios de manganeso y níquel.

Por otro lado, es cierto que la cerámica monocolor era conocida también por los chimúes primitivos, y que se fabricó en la costa septentrional durante muchos siglos. Entre el material más antiguo se encuentra en una proporción del 3 al 5 por 100, mientras que asciende al 75 por 100 en el estilo tardío. En muchos de los hallazgos esta proporción facilita la determinación de la época cultural a que pertenecen.

Muy característicos del estilo chimú tardío son los recipientes unidos entre sí por barras rectas; y lo es también el predominio de botellas dobles sibilantes, que recibieron de los españoles el nombre de chifladuras. También se encuentran, en ocasiones, en los objetos del estilo primitivo, debiéndose situar entonces en curioso paralelismo con los que se han hecho en Centroamérica en la región zapoteca y en Guatemala.

En los últimos siglos que precedieron a la conquista estuvieron muy difundidos en toda la costa peruana. En las formas más diversas de la cerámica, pero preferentemente en las cabezas de monos y papagayos, o sea de animales imitadores del hombre, se encuentran practicados orificios que producen un sonido sibilante o un gorgoteo cómico, cuando vierte de ellos el agua por un lado, entrando, por consiguiente el aire por el otro extremo. Sería interesante conocer la opinión de aquellos que sostienen que toda esta cerámica estaba destinada a acompañar a los muertos en las tumbas, respecto a estos efectos tan curiosos, que no pudieron ser inventados sino para que se manifestasen en el empleo de los utensilios en la vida cotidiana.

En el arte plástico tardío se representa al hombre muy raras veces; aparecen casi siempre solo formas de animales, frutos y plantas. A consecuencia de la generalización cada vez mayor del tráfico, se inclina este estilo tardío, en su conjunto, a adoptar formas más meridionales, entre ellas los pitorros dobles de los recipientes de Nazca, unidos solamente por un asa (láminas XLV, arriba, y XLVII). En la zona de transición de la parte central de la costa cambian los tubos su forma antigua y armónica, alargándose, aunque con ello pierdan bastante de su belleza. El gusto por la repetición de las formas lo heredó el estilo tardío del primitivo. Se revela en los recipientes dobles y múltiples, que se encuentran acoplados unos a otros o sobre otros de las maneras más dispares, sin que tengan, sin embargo, la expresión tan enfática de la época primitiva, pues han perdido mucho de su esencia y de su intuición artística.


Mapa Nro. 01  

 

Texto proveniente de:
Arte y cultura preincaicos.  Un milenio de imperio chimú
Hermann Leicht
Madrid, Aguilar, 1963, págs, 121-131 

 


 

 

martes, 10 de septiembre de 2019

"Aguardiente y vino puro..." - zamacueca tradicional del Perú

De la Zamacueca al Canto de jarana bailado (Marinera) y Resbalosa Canta: Gustavo Urbina (del conjunto "Tradición limeña", fundado en 1960)



LETRA: (Marinera) Aguardiente y vino puro ayayay, dicen las antiguas leyes Morenita agua que, toman los bueyes ayayay, que tienen el cuello duro ayayay, ¡aguardiente y vino puro! Once las letras son del aguardiente ya lo sabe el curioso, ayayay, impertinente once las letras son, ayayay, del aguardiente Del aguardiente madre, si no tomara, la garganta de pena ayayay, se me secara rico, rico piquito, ayayay, dame tu pico (Resbalosa y fuga) De los aires nacionales de la América del Sur ¡no hay como la marinera que se baila en el Perú! Tiempla un zambo la guitarra, con los redobles de cajón y a voz en cuello reclaman: "¡agua pa' la caballada!" ¡Mándame quitar la vida, si es delito el adorarte! Pobre soy porque no tengo, la dicha del poderoso, como amante soy dichoso, y en mi dicha me mantengo Malhaya, quién dijo amor, cómo no dijo veneno. Tiéndeme la cama, arregla el colchón, ¡luego tú me pasas mi rico pan de Guatemala! ........................ Sobre el riquísimo legado poético popular criollo, plasmado principalmente en cantos de jarana y amorfinos, consultar este trabajo de Pepe Bárcenas, "Su Majestad la marinera": http://www.mediafire.com/download/96t... .......................... Sobre la llegada de la zamacueca a Chile citamos: "Respecto a los bailes de chicoteo, recordamos que por los años de 1812 i 1813 la zamba i el abuelito eran los más populares; ambos eran peruanos. San Martín con su ejército, 1817, nos trajo el cielito, el pericón, la sajuriana i el cuándo, especie de minuet que al fin tenía su alegro. Estos últimos bailes podrían mirarse como intermedios entre los serios i los de chicoteo; pues no daban lugar a las desenvolturas que se ven en los otros, que nos vinieron del Perú desde el año de 1823 hasta el día. [Al salir yo en mi segundo viaje a la república argentina en mayo de 1824, no se conocía este baile. A mi vuelta en 1825 ya me encontré con esta novedad] Desde entonces hasta hace diez o doce años Lima nos proveía de sus innumerables y variadas zamacuecas notables o ingeniosas por la música, que inútilmente tratan de imitarse entre nosotros. La especialidad de aquella música consiste particularmente en el ritmo y la colocación de los acentos, propios de ella, cuyo carácter nos era desconocido, porque no puede escribirse en las figuras comunes de la música" (José Zapiola, "Recuerdos de treinta años". Santiago 1872-1874, pp. 87-88)

http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-94995.html









cueca  boliviana, cueca paceña, cueca cochabamabina, cueca chora, cueca chilena

domingo, 15 de julio de 2018

Arquitectura circular u oval, pre-inca e inca


Algunos ejemplos:


Taqrachullo-Espinar-Cusco (pre-inca)



Maucallacta-Espinar-Cusco (pre-inca)




Raqchi-Canchis-Cusco (inca), min. 9:00




Marcahuamachuco-La Libertad (pre-inca), min. 3:20





Kuélap-Amazonas (pre-inca, cultura Chachapoyas), min. 3:15




Saqsayhuaman-Cusco (inca)




Ingapirca-Azuay (actual Ecuador) - inca

 


Perolniyoc-Cusco (inca), muros de contención de forma semi-circular






Arquitectura inca: Poema Pétreo
http://kachkaniraqmii.blogspot.com/2016/01/arquitectura-inca-poema-petreo.html










cañaris, cuenca, idioma cañari,  arquitectura cañari

sábado, 14 de julio de 2018

Especulaciones, medias verdades y mentiras de Bolivia sobre Incallajta

Cada cierto tiempo se lee en las noticias que el gobierno boliviano impulsa  el sitio arqueológico incaico "Incallajta"  para que sea reconocido por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.  Un primer intento se inició el año 2004, el cual no fue lo suficientemente convincente y quedó en lista de espera.  Las autoridades bolivianas adujeron frente a su ciudadanía,  que Perú y Argentina se habían opuesto  por razones  geopolíticas.  Para esto se basaron en especulaciones, medias verdades y abiertas mentiras.

Persistentes en estas cosas, este año 2018 los bolivianos van a reactivar el expediente de Incallajta para que sea reconocido por la Unesco si o si (ver noticia aquí), alegando que es la ciudadela más importante del Collasuyo.  Primero: los pueblos  prehispánicos nunca construyeron ciudades ni ciudadelas, hubo otros patrones de ocupación territorial, de carácter discontinuo y multialtitudinal.  Segundo: la kallanka de Incallajta, de 78 metros, se presenta como la más larga de Sudamérica lo que es totalmente falso, pues la más larga está en Pumpu (Junín), con 105 metros de largo (ver aquí).   Tercero:  El Collasuyo se extiende por el sur peruano, el ande boliviano y parte del NOA argentino; basta ver someramente la cantidad de sitios incas  imponentes que están en el Collasuyo peruano para leer con escepticismo la pretensión de promover a Incallajata como la "ciudadela" inca más grande del Collasuyo.

Lo que hay que reconocer es que si el Perú púsiera el mismo empeño en postular con justeza todo su patrimonio cultural (material e inmaterial), tendría a la fecha, varias decenas de declatarorias mundiales en la Unesco.  Nuestro Ministerio de Cultura adolece de una parsimonia injustificable en este aspecto, dejando que  por puesta de mano, países limítrofes "se jalen" factual y narrativamente lo que son patrimonios originariamente peruanos, hoy compartidos, como fue el caso del reciente reconocimiento de las Alasitas que es un patrimonio cultural de todo el entorno del Lago Titicaca.  El reconocimiento debió ser bi-nacional (ver  esto); algo similar ocurre con el plan de reconocimiento  en la Unesco de la cultura Chinchorro, naturalmente peruana, hoy compartida por Perú y Chile debido a que este país arrebató bélicamente los territorios peruanos de Arica y Tarapacá después de la Guerra del Pacífico (1879-83).  La cultura Chinchorro se extiende desde Arica hasta Moquegua (Perú) por el norte.

Un ejercicio de comparación del único sitio inca importante del Collasuyo boliviano con algunos de los muchos sitios incas del Collasuyo peruano:

Incallajta  (Cochabamba, Bolivia, región Collasuyo)
Video

Macupitumarca (Canchis-Cusco: región Collasuyo)

Raqchi (Canchis-Cusco: región Collasuyo)

Kanamarca (Canas-Cusco: región Collasuyo)

Mauka Llacta (Espinar-Cusco: región Collasuyo)
Hay también otros sitios  arqueológicos del mismo nombre en Puno y Arequipa


Inca Uyo (Chucuito-Puno: región Collasuyo)




En todo esto no hay ganas de aguarle la fiesta a nadie.  Simplemente, molesta que se quiera construir una narrativa auto-laudatoria que recurre a la hipérbole de los valores monumentales de un sitio, a la especulación y a la victimización gratuita para hacer quedar mal a terceros países con tal de ocultar las deficiencias propias.


En rojo, mis refutaciones:


Bolivia, Perú y Argentina en problemas por Incallajta


Publicado el 07/04/2008


Bolivia denuncia que por razones políticas e ideológicas de las delegaciones de Perú y Argentina en la Comisión Evaluadora de Unesco, la declaración de Incallajta como Patrimonio Cultural de la Humanidad quedó diferida indefinidamente. El canciller David Choquehuanca alista una estrategia para revertir esta situación.

El Museo Arqueológico de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) junto a los comunarios de la zona prepararon desde el año 2002 hasta el año 2004, un expediente que fue presentado al Viceministerio de Cultura y la Dirección Nacional de Arqueología, para entregarlo a la Unesco en busca del nombramiento como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Este trámite concluyó en septiembre de 2004 con la entrega de este documento, compuesto por cuatro tomos que son el resumen ejecutivo, el documento oficial que sigue el formulario de Unesco, el plan del manejo integral del sitio y la legislación, planes y proyectos de Incallajta. El material fue acompañado por un DVD interactivo con varios acápites, como la reposición del sitio, además de un vídeo con la historia cultural del sitio y mapas, planos, fotografías aéreas y locales.

El año 2006 debía efectuarse la evaluación del pedido boliviano y Unesco contestó que deseaba incluir a Incallajta dentro del Kapaj Ñan, que es un proyecto presentado por los gobiernos de Perú y Argentina [totalmente falso: la inciativa del reconocimiento surgió  exclusivamente del Perú: "La inscripción del Qhapaq Ñan en la Lista del Patrimonio Mundial, parte de un largo proceso que se inicia en el año 2001, cuando el Perú toma la iniciativa de inscribir a ese monumento en la Lista Tentativa del Patrimonio Mundial. Posteriormente, en el año 2003, con asistencia de la UNESCO, se realizaron coordinaciones entre representantes técnicos y políticos de Perú, Argentina, Chile, Bolivia y Ecuador, en un primer momento en Lima y luego en el Cusco, para realizar la candidatura del Qhapaq Ñan de manera conjunta, un año después se incorporaría Colombia al grupo..."], a través del cual se reconoce el camino principal inca, con lo que Incallajta quedaría al mismo nivel de cualquier pequeño sitio inca, tambo o puesto de control que esté a lo largo de esa ruta

La propuesta fue rechazada, pues según informó la arqueóloga responsable del proyecto, María de los Ángeles Muñoz, "Bolivia se niega a que Incallajta sea un apéndice del Kapaj Ñan, por soberanía y dignidad, pues tenemos una zona arqueológica que representa toda una otra zona de interacción de los incas y aunque no somos Macchu Picchu, acá tiene otros contenidos" [pregunta: qué otros contenidos sustanciales diferentes puede tener este sitio inca imperial, de los muchos que están en el Perú.  Se contradice en líneas siguientes: "Allí se ha replicado el modelo de Cusco..."].

La representante del Museo de la UMSS explicó que este lugar ha jugado un papel fundamental hacia el oriente del país, pues, al encontrarse ubicada en un pie de monte, ha sido el nodo a partir del cual se ha logrado la conquista de Samaipata. "Allí se ha replicado el modelo de Cusco y este establecimiento es el más grande del Collasuyo [que precise si es realmente el más grande del Collasuyo, que no solo incluye Bolivia sino buena parte del sur peruano y algo del NOA argentino]; además alrededor tenemos otros sitios de almacenamiento, corrales, un camino doble y otras cosas que demuestran su importancia regional".

La arqueóloga explicó que a través de unos documentos enviados por fax desde Unesco [que precise  quiénes remitieron los documentos: ¿bolivianos o no-bolivianos?, si son bolivianos, es comprensible el sesgo informativo], descubrieron que el comité de evaluación estuvo conformado por delegados peruanos y argentinos que se opusieron a esta nominación de Incallajta hasta que no salga el Kapaj Ñan. "Geopolíticamente hablando, Perú no permite que haya nada de relevancia inca en otro lugar que sea declarado patrimonio de la humanidad y Argentina está velando por el reconocimiento de un sitio arqueológico que descubrieron en sus provincias del norte" [al Perú no le incomoda que  el legado inca sea reconocido fuera de sus fronteras actuales, antes bien  confirma su  pasada grandeza; y por otro lado, ¿cuál es el sitio que los argentinos  quieren hacer reconocer de manera incompatible con las aspiraciones bolivianas?  tremenda especulación que sólo busca victimización y echar la culpa de los fracasos propios a terceros]

Además de esta situación, la valoración de Incallajta en Unesco fue hecha por Patrice Lecoq, "que es un arqueólogo francés que fue expulsado de Bolivia porque tuvo terribles acusaciones en su contra. Al salir del país con problemas, aunque es una persona muy profesional, queda la sospecha de que haya sacado todo su resentimiento sobre este sitio" [lo mismo que lo anterior: echar la culpa a terceros de los fracasos propios, en base a puras especulaciones].

El canciller David Choquehuanca informó que analizará esta situación para realizar junto al viceministro de Culturas, Pablo Groux, una estrategia que evite un conflicto diplomático, pero que garantice que el patrimonio cultural de Bolivia "sea reconocido por el mundo" [garantice qué: qué obligación tiene el mundo de complacer todo lo que piden los bolivianos].

El Jefe de la diplomacia boliviana informó además que no se descarta un viaje a Francia para pedir la revisión de este caso.

El tema surge en una situación complicada de las relaciones bilaterales con Perú y Argentina, debido a las negociaciones por el tema marítimo y por asuntos económicos entre las tres naciones.
Problemas diplomáticos

Bolivia y Perú se encuentran en una etapa muy delicada dentro de sus relaciones diplomáticas, por la demanda marítima boliviana y por la comercialización del aceite.  El primer escollo empezó el 18 de enero, cuando el Gobierno peruano decidió hacer la presentación de un recurso ante el Tribunal de la Haya contra Chile, por existir una discrepancia entre los límites marítimos existentes entre ambas naciones después de la Guerra del Pacífico [estos argumentos son lo más peregrinos: el Perú defiende sus intereses geopolíticos legítimos en Arica, y nunca va a renunciar a ellos].

Esta situación prácticamente empantana las negociaciones que se realizaban entre Bolivia y Chile por la obtención de una salida al mar, pues el Tratado de 1929 firmado entre Chile y Perú prohíbe la cesión de territorio en Arica a un tercer país, sin la autorización de ambas repúblicas [el Perú defiende sus intereses legítimos y punto, nadie tiene derecho a objetar eso, menos desde una posición victimista].

Además de este problema, la anterior semana la ministra de Planificación, Graciela Toro, se enfrentó ["se enfrentó"... jaja] al presidente peruano, Alán García, y le pidió que no se entrometa en las decisiones del Gobierno boliviano, porque criticó la suspensión de las exportaciones de aceite hacia su país [nuevamente, más especulación].

Testimonios

David Choquehuanca, Canciller de Bolivia

Nos preocupa como Gobierno que este tipo de cosas ocurran [más de ese victimismo gratuito y especulativo], pues si postulamos a este sitio para que sea reconocido por la Unesco como patrimonio cultural de la humanidad, es porque queremos que los lugares ceremoniales y la herencia que las culturas originarias [provenientes de lo que es hoy el Perú] dejaron en Bolivia sean reconocidos por el mundo.

A partir de mañana (hoy) vamos a hablar con el Viceministro de Culturas para diseñar una estrategia frente a los representantes de la Unesco como Gobierno de Bolivia, para pedirles que nos den este título [por que sí, porque Bolivia se lo merece] y si es necesario viajar hasta Francia para hacer esta solicitud, vamos a hacerlo.

María de los Ángeles Muñoz, Responsable de Incallajta

El veredicto de Unesco es que la declaración ha quedado diferida y como no es el deseo de la gente ni es lo que corresponde, queremos dejar de estar subsumidos a otros países [más del victimismo gratuito aderezado de nacionalismo], pues aunque el nudo de los Inca esté en Perú, aquí han tenido otras características [que diga cuáles son esas características tan específicas y distintas; no en vano se ha reconocido al Qhapaq Ñan como un conjunto coherente de  continuidad territorial, cultural y administrativa con argumentos consistentes, perfectamente entendidos en la Unesco] y fueron fundamentales para su mantenimiento allá.

Si es que perdemos el nombramiento de patrimonio, ideológicamente hablando pretenderemos un nombramiento nacional, con un título digno y soberano, queremos que Incallajta sea patrimonio de esa dignidad.


http://www.lostiempos.com/actualidad/nacional/20080407/bolivia-peru-argentina-problemas-incallajta






Declaratoria del Qhapaq Ñañn como Patrimonio Cultural Mundial en la Unesco:
http://qhapaqnan.cultura.pe/procesoydeclaratoria/declaratoria


Arquitectura inca: Poema pétreo
http://kachkaniraqmii.blogspot.com/2016/01/arquitectura-inca-poema-petreo.html







Ingapirca, Ecuador, Cojitambo, cañaris, arquitectura, circular, Azuay, capital arqueológica, 

miércoles, 20 de junio de 2018

"El origen de los cinco preceptos fundamentales de la administración incaica" - M. Toribio Mejia Xesspe


El origen de los cinco preceptos fundamentales de la administración incaica

Plaza Manco Cápac (La Victoria, Lima)


Antes de la formación del Imperio del Sol, o sea el Tahuantinsuyu, es posible que las múltiples tribus que habitaron, por entonces, las cuatro regiones llamadas posteriormente Collasuyu. Chinchasuyu, Antisuyu y Contisuyu, llevaran una vida propiamente nómade, puesto que cada cual mantenía un vivir motu propio. Es asimismo inconcebible que las costumbres de cada una de estas tribus fueran distintas unas de otras, porque existían agrupaciones distinguidas unas por sus tendencias hacia el canibalismo, otras hacia la perversión sexual y otras dedica, das al ocio, al hurto, y demás vicios. Pero, cuando comenzó el señorío racional de los Incas, todas las tendencias malsanas de tales tribus fueron reprimidas progresivamente, primero por medio de amonestaciones y después por medio de severos castigos.

Entre la observancia peculiar de estas tribus resaltaban estas cinco tendencias: la mentira, el hurto, el ocio, el homicidio y la perversión sexual. Por la primera se engañaban o blasfemaban, sin motivo; por la segunda no respetaban los derechos ajenos; por la tercera se entregaban a una vida parasitaria, resultando de esta el instinto del latrocinio; por la cuarta revivían el instinto irracional del ser primitivo, el dominio del más fuerte y el sacrificio inhumano; y, por último, por la quinta, satisfacían los instintos sexuales del hombre cavernario. De estas causas resultaron por parte de los Incas, multitud de observaciones severas para reprimirlas, a fin de que, sometiéndose al juzgamiento legal, desapareciesen de la mentalidad de los conquistados todos aquellos instintos que obstruyesen el avance de la civilización incaica. De aquí nació la institución denominada napay-cuy, que quiere decir saludarse, o en otros términos, condenar a la execración pública todos los actos nocivos que contradicen la vida normal de los pueblos. Por eso se estableció el odio a las cinco tendencias, odio que repercutía incesantemente de individuo a individuo, en todos los ámbitos del imperio. Para esto el mayor tenía la obligación de proferir el saludo execratorio para que el menor respondiese en el mismo sentido. Así se decía ante la presencia de una persona: Amal lulla (¡No mentiroso!) Ama sua (¡No ladrón!), Ama ccella (¡No ocioso!), Ama sipix, (¡No asesino!), Ama maclla (¡No afeminado!) o Ama mappa (¡No pervertido!) (Colecc. Urteaga. Tomo III. 2da. serie, pág. 129.).  

Sentencias que equivalían a la "Ave María Purísima” de antaño, al "Buenos días” de hoy, y al “Santo y Seña" de la disciplina militar. Sólo por me¬dio de esta divulgación pública se llegaron a reprimir estas tendencias primitivas hasta el punto de desarraigar de la mentalidad humana, aunque no en su totalidad, todas aquellas acciones que indicaban el estado salvaje en que se encon¬traban.  En consecuencia, los cinco preceptos fundamentales de la administración incaico quedaron establecidos en esta forma:

Amal llulla (No mentiroso)
Ama sua (No ladrón)
Ama ccella (No ocioso)
Ama sipix (No asesino)
Ama mappa o macclla  (No pervertido o afeminado)


I AMA LLULLA

Esta sentencia parece que tuvo origen desde la época en que el hombre sintió el aguijón del engaño, la disipación de sus esfuerzos ante la irrealidad y el dolor, ante la ilusión. Por una y mil lecciones recibidas a través de la vida, es posible que la mentira haya sido tomada en cuenta como una de las cosas más graves, como un peligro mortal y como una de las acciones más abominables, por eso los Incas, guiados de una mentalidad superior, impusieron entre sus subordinados esta sentencia que, por si sola, revela la reprobación del acto. Sería inútil argüir sólo con razones las consecuencias de la mentira, así como sus represiones, cuando, tenemos a la vista pruebas manifiestas, gracias a la habilidad e intuición de los artistas primitivos, que nos demuestran claramente la sanción a la que eran sometidos los mentirosos.

Por la figura 30 de la lámina V, vemos que se trata de una mujer viciada en la mentira, pues, así nos lo revela el castigo a que fue sometida. Tiene los labios y la parte de la nariz mutilados, por un corte casi vertical. Además de la resignación que la anima, presenta uno de los pies (derecho) también mutilado, lo que prueba que ha sido una mentirosa propagandista, y que por ello se ve castigada en esta forma. Para corroborar esta interpretación basta recordar la sentencia vulgar de nuestros indígenas de hoy al tratarse de algún mentiroso. A los niños que mienten se les dice: simiyquitan cuchurccusccaiki (te voy a cortar la boca). Si el corte de los labios y la nariz no fueran mutilaciones directas podremos creer que tal vez sea el resultado de una gangrena producida por la quemadura hecha por la cáscara del huevo u otro objeto candente, pues en la actualidad la reprobación del mentiroso constituye con la siguiente amenaza: runtux-ccaranhuan simiykita rupar ccachisccaiki (con la cáscara del huevo te voy a quemar la boca). En cuanto a la inutilización del miembro inferior podemos decir de que con ella se ha querido evitar la propaganda de noticias inciertas. Si bien no se trata de mentiras, pudiera ser entonces de alguna blasfemia contra el Sol, contra el Inca, o murmuración sobre algún mandamiento real. Existen pueblos, en la actualidad, cuyos pobladores se ufanan con la mentira.


II AMA SUA

El estado de salvajismo en que vivían, faltos de una ordenada organización social y administrativa, hacía que todos los actos que realizaban fueran impulsados por la inconsciencia sin tener valor ninguno el derecho de propiedad. Por estos motivos ancestrales ciertas tribus llegaron a adoptar el hurto como una de las tendencias favoritas que más tarde, se hicieron hábitos inveterados y que, durante el reinado de los Incas, fueron objeto de severos castigos. A pesar de la inclemencia recaída sobre los delincuentes del latrocinio, jamás llegóse a desarraigar del espíritu de ciertos pueblos, pues sobrevivieron, salvándose con la desaparición del gobierno de los Incas. Durante el coloniaje, libres de una sanción severa, volvieron a revivir las tendencias de la apropiación ajena, hasta el punto de hacerse célebres, y que en la actualidad constituyen los denominados “bandoleros”, las mayorías indígenas.  Entre los habitantes que hasta hoy tienen fama de ladrones podemos citar a los Kanas, a los Lacachos, pobladores de las serranías de las provincias de Canas y Chumbivilcas del departamento del Cuzco, y a los de Chicmu en Talavera, provincia de Andahuaylas, departamento de Apurímac.  También podemos considerar como regazos de algunas tribus rapaces, a los habitantes de ciertos pueblos del departamento de Cajamarca. como los de Encañada.

Los castigos que se imponían a los ladrones, durante el gobierno eran, como decimos adelante, muy severos según el grado de los hechos.  En la primera falta se les amonestaba en público y si reincidían sometíaseles a la sanción correspondiente. Para averiguar el autor de alguna fechoría se recurría a los videntes llamados tapux, quienes enterados de los antecedentes del hecho y previas medidas tomadas en el lugar del suceso, realizaban la investigación por medio la coca. Si esta operación resultaba inútil recurrían entonces a la práctica de la brujería, por medio de la cual hacían aparecer al autor en la forma que habían previsto: el ladrón de maíz se conocía por la presencia de manchas blancas o negras en la cara y las manos, según haya sido el color del maíz robado; el de las papas era sindicado por la aparición de grandes ronchas en el cuerpo a semejanza de tales, así sucesivamente, iban conociendo todos los autores incógnitos, y en muchas ocasiones eran consumidos insensiblemente por el mal llamado chchakiyay, o sea la "muerte seca" (¿tuberculosis?). Para todas las investigaciones recurrían a la dactiloscopia, por medio de la cual deducían quién era el autor y la misma servía para fines brujeriles.

Un caso de estas investigaciones nos puede sugerir un cántaro en el que aparece un individuo con el cuerpo cubierto de tumores similares a las papas.


III AMA CCELLA

La despreocupación misma en que vivían dio origen a que la mayoría de las tribus llevasen una vida ociosa, hasta el punto de perecer, en ciertas ocasiones bajo la acción del hambre o por la infección causada por falta de higiene o energía. La incapacidad de poder sustentarse por medio del trabajo parece que les sugirió la idea de vivir a expensas ajenas, origen del hurto. En vista de esta tendencia marcada entre los pueblos primitivos, acaso fue, de parte de los Incas, la reglamentación del trabajo forzoso so pena de crueles castigos. Sin embargo, hubieron pueblos donde la holgazanería sentó sus bases y que por ello fue menester desterrarlos o exterminarlos, porque bien comprendieron los Incas que la inactividad era el atraso de la civilización, y para reprobarlos, los apellidaban públicamente según el estado de sus ocupaciones. Así se decía a los dormilones puñuysiki, a los lerdos, thapia o choxchi; a los desobedientes kkullu: a los inaparentes: mocco- maki, etc. Las mujeres eran más anatematizadas y de sus actividades dependía la felicidad del hogar. Actualmente hay pueblos donde los hombres son de todo trabajo, quedando las mujeres únicamente al servicio doméstico, pero también hay otros pueblos en que las mujeres hacen las veces del hombre, y éste ejecuta las veces de aquéllas, lo cual demuestra que había tribus en que los hombres vivían a expensas de las mujeres y otras en que éstas fueron sólo objeto de placer o adoración. Por la figura 25 de la lámina V, deducimos que el artista ha querido representar un caso de las mujeres incapaces de la actividad humana en llegando hasta descuidarse de su propia persona. Se trata, pues, de una de las lla¬madas usasapa (piojosa), cuya condición, por demás repugnante, atribuida a la ociosidad, más parece corresponder al tipo de las enfermedades mentales (?). Asimismo, la figura 28 de la lámina V nos demuestra un caso de las llamadas puñuysiki (dormilonas) en pleno desempeño de sus obligaciones y que, a través de la intención del artista, nos sugiere la idea de representarnos un tipo letárgico (¿catipnosis?).

En resumen, el ocio, tendencia secundaria o patológica, durante el gobierno Incaico ha sido de sabias y severas reprimendas, obteniéndose por ellas el desarrollo admirable de la agricultura, fuente de la vida, la perfección de las artes e industrias y la constitución sana y fuerte de la raza.


IV AMA SIPIX

La superioridad física y mental, desde tiempos remotos, ha sido el origen del odio y la venganza acompañado de su corolario, la eliminación por medio de la muerte. Desde entonces la criminalidad sin castigo, llegó a hacerse común hasta convertirse en festín. El dominio del más fuerte se impuso entre los débiles, resultando de ello el modus vivendi. Así entre luchas insensatas surgió el señorío de los Incas con sus leyes magnánimas para los buenos y recompensas crueles para los malos. De ahí sobrevino la Ley del Talión que, con extremada inflexibilidad, diera lugar a llevarse una vida fraternal, desterrándose, en consecuencia, la idea del crimen. Sólo así pudieron los Incas someter a la tranquilidad todos los pueblos que anteriormente vivían en pos del asesinato. La muerte era castigada con la muerte y aún la intención constituía el hecho mismo, castigándose como tal. De la ejecución de estas ordenanzas podemos contemplar en la figura 27 de la lámina V, en la que aparece en la parte inferior, el momento del suceso en el que un guerrero por medio de un golpe contundente en la cabeza, mata a otro del mismo partido, pues, ambos llevan el uniforme y armas iguales, lo que constituye la gravedad del hecho. En la parte superior o media se observa la sanción del crimen ante la vista del juez llamado tucuy-ricux (el que lo ve todo), quien, con la magestad de su carácter, revestido de potencias extraordinarias, ordena el juzgamiento del delincuente. El artista en esta figura pretendió catalogar de principio a fin el proceso de uno de los actos criminales, cual un sumario de nuestros tribunales de justicia de hoy. ¿Qué más documentos ni pruebas necesitamos para estudiar la sabia administración de nuestros antepasados, cuando tenemos a la vista expedientes irrefutables de entonces?

La figura 25A de la lámina V también nos revela un ejemplo del castigo de lo que nosotros llamamos “malhechores", personas dedicadas al maltrato de otras; en ella se ve un hombre mutilado simétricamente y rapada la cabeza, castigo que manifiesta su gravedad y una de las afrentas capitales. Además debemos observar el carácter del individuo que, a través del dolor, parece mantener viva su fiereza.

En cuanto al instinto feroz y cruel de ciertas tribus primitivas podemos indicar, como rezago de ellas, a los habitantes de algunos pueblos que hasta la actualidad mantienen latente el instinto sanguinario. Entre los pueblos de esta índole podemos citar a los de origen «chhanca» que hoy constituyen las provincias de Andahuaylas, Cangallo, Fajardo, La Mar y Huanta, cuyos pobladores siempre se hicieron notables por su fiereza tanto en la época incaica como en el Virreynato. Esta tendencia no sólo ha sido parcial entre los primitivos peruanos, sino que en la generalidad tuvo una raigambre ancestral, llegándose a modificar bajo la influencia del desarrollo mental, pero existiendo latente en el fondo animal, flotaba cada vez que el ánimo se enardecía, hasta el punto de llegar a una profanación salvaje. A este respecto debemos tomar en cuenta la frase amenazadora que se profiere entre los indígenas de hoy, cuando se hallan frente al enemigo. Se les previene con la expresión: umaykipin accata uphiasax (en tu cráneo voy a beber la chicha); y efectivamente, cuando llega el caso, los más sanguinarios procuran beber la sangre del enemigo y enseguida cumplen con lo dicho, bebiendo la chicha u otra bebida en el cráneo sangrante de la víctima. Esto no nos puede extrañar si damos crédito a lo que dice Alonso de Mesa (I) al relatar uno de los de la vida del desgraciado Inca Atahuallpa, cuando éste en una conversación con Pizarro sobre el uso de un cráneo forrado de oro le dijo: “Esta es la cabeza de un hermano mío que venía a la guerra contra mí, y había dicho que había de beber en mi cabera, y mátele yo a él y bebo con su cabeza". Mandóla henchir de chicha—dice Alonso de Mesa—y bebió delante de todos con ella. Estas crueldades se practicaban con el enemigo; pero si se realizaba fuera de tales circunstancias, entonces el autor era castigado sin remisión, en la misma forma que lo había hecho. 


V AMA MAPPA O MACCLLA

De los tres instintos principales del hombre (hambre, egoarquismo, y sexualidad), la sexualidad llegó a pervertirse demasiado entre los primitivos peruanos pues, así nos lo demuestran los innumerables ejemplares de la cerámica antigua encontrados en las huacas y reunidos en la actualidad, en el Museo de esta revista.  Los estudios que al respecto ha hecho el profesor Dr. Hermilio Valdizán las narraciones trascritas por los cronistas antiguos, nos lo corroboran.

Antes de la organización del dominio incaico, las tribus llevaban una vida desenfrenada, cada cual, impulsada por los instintos más dominantes, o mejor dicho, la vida de estos seres correspondía a la de las bestias. Corrieron parejas la sazón, el incesto, la homosexualidad, el onanismo y la bestialidad. La madre fue el objeto de placer más propicio por el cariño y la confianza; el hombre por la confianza y la compensación a las desatenciones solícitas de parte de las mujeres y sobre todo, por la tara psicológica; y por último, el placer solitario fue originado por la diferencia de las dos primeras causas, pues un hombre sin cariño maternal, sin confianza ni apoyo sexual, tenía que vivir aislado satisfaciendo sus deseos sexuales por medio de la onanía. Tal vez, de este último caso, nos revelan las Figs. 7 y 8, en una de las cuales aparece un hombre con el órgano sexual desvitalizado por medio de la amarra y las manos atadas hacia atrás como si fueran órganos provocativos. Este ejemplo podría indicarnos el castigo de privación del placer onanístico. En la otra figura aparece el mismo hombre ya no castigado, sino liberado por dos mujeres compadecidas, quienes al libertarlo, se ofrecen como objetos de placer para que olvidando su onanía, satisfaga sus deseos sexuales de una manera natural.

En cuanto a la homosexualidad reinante entre los primitivos peruanos podemos localizar algunas regiones atendiendo al origen etimológico de sus nombres, y estudiando la psicología de sus actuales pobladores. Entre estas regiones se halla la provincia de Huailas, del departamento de Ancash. Por el origen eti¬mológico que en seguida consignamos se puede deducir la perversión sexual que primitivamente reinaba en ella. Huaylas, en el lenguaje regional o chinchasuyu, quiere decir afeminado, homosexual; Ocoraca (caserío) de vagina profunda o húmeda; Totoraca (id.) de pubescencia encrespada; Ancoraca (id.) de vagina nerviosa; Antaraca, (id.), de vagina rojiza; Ragas (id.) pluralidad de vagina; Lacabampa o Racapampa (pueblo) llanura de vaginas; Sacuayo o Saxhuay (caserío), el coito; Runtu (id.), huevo o testículos; Yanapoto (id.) de ano negruzco; Shigui o Siki (id.), ano; Pishap o Pisax (id.), cohabitador; Yuncullo o Lluncku-ullo (id.) el que limpia o lame el pene; Huantaullu o Huataullo (?), de pene amarrado, Mormurullo o Moro-moro-ullo (?), de pene pintado; Pampa-huasi (caserío), casa pública o prostíbulo; Pomallocoy o Pumallocox (id.), el que cohabita con el puma; etc. etc.

Estudiando la psicología de la mujer de estas regiones podemos asegurar que, según el dicho vulgar, “son unas gallinas”, es decir, son muy sensuales y de fácil seducción. Esta tendencia genésica, por demás franca, tal vez sea el resultado de una rivalidad arcaica contra los pederastas, quienes usurpaban contranaturalmente los derechos femeninos y que, por este motivo, se vieron obligadas a entregarse por si solas al deseo de los hombres.

Por estos antecedentes, las regiones donde se practicaba la perversión sexual, al ser conquistados por los Incas, fueron castigadas severamente, no sólo las personas que la ejercían, sino que hasta los pueblos en que vivían eran arrasados y abandonados. Prohibióseles hasta el pronunciar la palabra equivalente a la sodomía, siendo odiada y avergonzada la persona que la pronunciaba. En fin, el decir “Astaya Huayllas” (apártate allá afeminado) constituía un insulto mayor y un castigo imperecedero Sólo en esta forma pudieron los Incas reprimir aquella tendencia contra natura.  

En cuanto a la bestialidad basta referirnos a la expresión despectiva de los indígenas de la sierra que dicen llama-llocco, que quiere decir “el que tiene relaciones sexuales con la llama”. En vista de esta anomalía parece que los Incas prohibieron que hombres jóvenes fueran los encargados del cuidado de los rebaños, pues, así nos revelan las observaciones de distintos historiadores, al tratar de las relaciones sexuales.


LA JUSTICIA

La razón ha sido para los Incas el mejor código penal y el cumplimiento de ella fue también la mejor justicia. Por la figura 26 de la lámina V, podemos darnos cuenta del juzgamiento razonable y recto de las cosas judiciales, en el que se procedía con mucha equidad atendiéndose a la causa de ambas partes. El juez simbolizado en ave ejercía imparcial e inflexiblemente, porque el carácter de su investidura lo hacía veedor y conocedor de todo cuanto ocurría en el territorio de su jurisdicción, por eso se les llamaba tucuy-rícux a los encargados de vigilia y tucuy-yachax a los investigadores, y huchapampayachix, que quiere decir el nivelador de culpas, era el nombre del juez ejecutor.

Para el mejor juzgamiento de los delitos, puso en boca de todos los hombres el arma de la aversión, a fin de que, desde la cuna, pudiesen castigarlos; por eso instituyó el napaycuy, anatematizador para que, por medio de él, nadie se atreviese a cometerlos ni infringir los mandamientos reales que para ellos eran sagrados. Por este sistema de juzgamiento nadie pedía sustraerse del castigo porque todos, en este caso, eran jueces individuales. Es por eso que hasta la actualidad observamos entre nuestros indígenas el saludo forzoso e individual, que en sí constituye la afirmación del cumplimiento de una ordenanza ancestral.

M. Toribio Mejia Xesspe
Lima, 1924.




Revista de Arqueología

Órgano del Museo Víctor Larco Herrera
Lima, Tomo II, trimestre I, enero-marzo 1924, págs. 38-43








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