La pintura de Oscar Allain Cottera (Lima, 1922) es testimonio de la cultura popular costeña del Perú. Sus vivencias primeras estuvieron en el ámbito criollo limeño, en el que creció. Por eso el criollismo bohemio del Rímac, Barrios Altos, Cercado, Monserrate, La Victoria, tienen una impronta expresiva inconfundible en sus trazos. Jaranas plasmadas en valses, marineras, festejos, polcas, que iluminan sus lienzos con pleno color y movimiento, sea en los callejones de vecindario, como en las casas solariegas o la inolvidable fiesta de Amancaes, donde las vivanderas (anticucheras, tamaleras, picaroneras, turroneras, bizcocheras, humiteras...) y vendedores ambulantes hacen de marco a los protagónicos danzantes. Ya con más andares, su retina imprimió especial carácter a sus testimonios de la cultura costeña norteña (Lambayeque, Trujillo, Piura, Tumbes...). La vida cotidiana del cholo, del zambo, del colorado, en fluida convivencia y acrisolamiento de peruanidad. En sus lienzos los pañuelos de la danza nacional van volando como palomas, y los rostros de los danzantes siempre miran a lo alto, como elevándose al cielo...
De la Zamacueca al Canto de jarana bailado (Marinera) y Resbalosa
Canta: Gustavo Urbina (del conjunto "Tradición limeña", fundado en 1960)
LETRA:
(Marinera)
Aguardiente y vino puro
ayayay, dicen las antiguas leyes
Morenita agua que,
toman los bueyes
ayayay, que tienen el cuello duro
ayayay, ¡aguardiente y vino puro!
Once las letras son
del aguardiente
ya lo sabe el curioso,
ayayay, impertinente
once las letras son,
ayayay, del aguardiente
Del aguardiente madre,
si no tomara,
la garganta de pena
ayayay, se me secara
rico, rico piquito,
ayayay, dame tu pico
(Resbalosa y fuga)
De los aires nacionales
de la América del Sur
¡no hay como la marinera
que se baila en el Perú!
Tiempla un zambo la guitarra,
con los redobles de cajón
y a voz en cuello reclaman:
"¡agua pa' la caballada!"
¡Mándame quitar la vida,
si es delito el adorarte!
Pobre soy porque no tengo,
la dicha del poderoso,
como amante soy dichoso,
y en mi dicha me mantengo
Malhaya, quién dijo amor,
cómo no dijo veneno.
Tiéndeme la cama,
arregla el colchón,
¡luego tú me pasas
mi rico pan de Guatemala!
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Sobre el riquísimo legado poético popular criollo, plasmado principalmente en cantos de jarana y amorfinos, consultar este trabajo de Pepe Bárcenas, "Su Majestad la marinera":
http://www.mediafire.com/download/96t...
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Sobre la llegada de la zamacueca a Chile citamos:
"Respecto a los bailes de chicoteo, recordamos que por los años de 1812 i 1813 la zamba i el abuelito eran los más populares; ambos eran peruanos.
San Martín con su ejército, 1817, nos trajo el cielito, el pericón, la sajuriana i el cuándo, especie de minuet que al fin tenía su alegro. Estos últimos bailes podrían mirarse como intermedios entre los serios i los de chicoteo; pues no daban lugar a las desenvolturas que se ven en los otros, que nos vinieron del Perú desde el año de 1823 hasta el día.
[Al salir yo en mi segundo viaje a la república argentina en mayo de 1824, no se conocía este baile. A mi vuelta en 1825 ya me encontré con esta novedad] Desde entonces hasta hace diez o doce años Lima nos proveía de sus innumerables y variadas zamacuecas notables o ingeniosas por la música, que inútilmente tratan de imitarse entre nosotros. La especialidad de aquella música consiste particularmente en el ritmo y la colocación de los acentos, propios de ella, cuyo carácter nos era desconocido, porque no puede escribirse en las figuras comunes de la música"
(José Zapiola, "Recuerdos de treinta años". Santiago 1872-1874, pp. 87-88)
http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-94995.html
Día Nacional del Anticucho: tercer domingo de Octubre
Mes del Señor de Los Milagros, Mes Morado, mes del Turrón de Doña Pepa y de los Anticuchos
Los anticuchos se consumen todo el año, en todo el territorio nacional, pero es en el Mes Morado cuando las calles de Lima refulgen con particular intensidad al calor de los braseros de carbón, sobre los cuales las maestras disponen los palitos o alambres con trozos de corazón macerado, que se van sazonando con brochetazos de aderezo (ají panca molido, ajo, vinagre y demás especias). Gentes de toda condición social se aglomeran para recibir sus porciones, por lo general, dos palitos con papa sancochada, choclo, y diferentes ajíes (llatan, uchucuta, ocopa...). A pedido, se añade rachi o pancita, y choncholí, en el sur peruano se prepara también con la madrecita.
El anticuchero. Acuarela, c. 1850. Pancho Fierro
"Anticuchera" - Teodoro Nuñez Ureta (c. 1970)
"Anticuchera" - Teodoro Nuñez Ureta (c. 1970)
"Mujer anticuchera" - pintura al aceite - Luis Palao Berastain
"Inocencia" o "Angel del mal": un valse criollo limeño perteneciente a la tradición oral de la Guardia Vieja (fines S. XIX-inicios S. XX)
Vivirás en el fondo de mi pecho
mientras yo quiera dar cabida a tu cariño
no creas tu que soy como el débil niño
que con su inocencia se consciente engañar
aun recuerdo aquella hora primera
aun recuerdo de aquella hora fatal
en que te vi como bello ángel hermoso
ahora te veo que eres el ángel del mal
Tarde será cuando en mi pecho decline
Habré cambiado del amor al padecer
convencido que no es todo en esta vida
y que tu no eres la única mujer
Aun reniego el momento primero
Aun recuerdo aquella hora fatal
En que te vi como bello ángel hermoso
Ahora comprendo que eres el ángel del mal
Versión como "Angel del mal"
Versión como "Inocencia", atribuido (al parecer, erróneamente) al bardo Felipe Pinglo Alva
Detalle de acuarela de Pancho fierro: Una chichera de las calles de Lima
Es joven, mulata o zamba, peinada pulcramente con una trenza y adornada de coquetos aretes. Usa un llamativo sombrero albo adornado con cinta roja, sencillo vestido de labor, y delantal negro. Fijémonos en el utensilio que usa para escanciar la chicha.
Una foto que le tomé hace un año a un suculento, delicioso y sazonante plato con anticuchos, cuando me encontraba en Lima, me hizo recordar a la hermosa hija de una anticuchera que todas las noches vendía sus anticuchos a la espalda del Congreso de la República, en los Barrios Altos. Si muy bien muchos eramos comensales asiduos de aquellos anticuchos de corazón, creo que lo que más nos atraía era ganarnos el corazón de aquella belleza barrioaltina. El bardo inmortal Felipe Pinglo cayó también rendido ante la delicia de los anticuchos y el encanto de la hija de una anticuchera, una morena muy bella a la cual el Maestro le dedicó su vals "Rosa Luz", sobre el cual escribí una nota a inicios de octubre del 2016.
ROSA LUZ
Hace unas semanas, en el programa "El Heraldo Musical", que se transmite por Radio Nacional del Perú, su conductora Celeste Acosta, al momento de presentar un vals de Felipe Pinglo se refirió al mismo como "Rosa Luz" o "La morena Rosa Luz". Celeste añadió que su padre, Manuel Acosta Ojeda, solía contar que algunos criollos de antaño se referían al vals de Pinglo como "La morena Rosa Luz", para diferenciarlo de otro hermoso vals del mismo nombre, "Rosa Luz", que pertenecía al compositor José Bazán Barrantes.
Esta manera de nombrar un vals de Pinglo, que la hacían algunos intérpretes criollos, cambiando el título original por otro, a mi parecer, no debería hacerse ya que se estaría cayendo en un círculo vicioso en el cual hasta la letra o melodía de los valses de Pinglo serían cambiados tan sólo porque a unos no les gusta los acordes o letras originales, o por querer diferenciarlos de otros que puedan tener el mismo título. Hay que tener presente que la obra de Felipe Pinglo ha sido declarada, reciéntemente, como Patrimonio Cultural de la Nación, por lo que la misma debe respetarse en su forma original, nos guste o no.
Escuchando el vals "Rosa Luz" de Pinglo en "El Heraldo Musical", me vino a la memoria que hace un tiempo alguien se comunicó conmigo a través del facebook para reclamarme que en "mi página web" estaba publicada la letra del vals "Rosa Luz" como de Felipe Pinglo cuando ese vals era de José Bazán Barrantes y el de Pinglo se denominaba "La morena Rosa Luz". Me quedé sorprendido por la inquietud aquella porque, primero, no tengo página web, nunca la he tenido ni he querido tenerla no sólo porque carezco de tiempo sino por otras razones que no vienen al caso. Desde el 2000 hasta el 2007 dirigí, con un amigo, una página web de peruanos en Melbourne, Australia, en la cual publicaba artículos que solía escribir sobre las costumbres, tradiciones y música criolla del Perú. Pero la web aquella no era mía y dejé de colaborar con la misma por la falta de tiempo.
Muchas páginas web han reproducido mis artículos, algunas más que otras, lo cual estoy muy agradecido porque estoy al tanto del tiempo que implica el actualizar las mismas. Las que tienen publicadas varios de mis artículos lo hacen porque se identifican con los temas que escribo. El ver mis artículos y trabajos sobre el criollismo, como las efemérides criollas, en algún lugar ha hecho que algunos piensen que la página web aquella es mía. Sin embargo, lo vuelvo a repetir, el esfuerzo es de otros, ya que no tengo página web y ello lo he aclarado en público, en algunas reuniones en Lima.
Ello traté de hacerle entender a la persona que me reclamó sobre el vals "Rosa Luz", que no tengo página web, pero de todas maneras le prometí que iba a indagar sobre el supuesto error y si el mismo existía me iba a dirigir a los que administraban la web, con el supuesto error, para sugerirles que hagan las correcciones debidas. Sin embargo, cuando revisé lo publicado, me di cuenta que no había error, la página web aquella había identificado en forma correcta el vals "Rosa Luz" como de Felipe Pinglo y la letra respectiva era del vals del Maestro.
"No hay error con el vals Rosa Luz", le comuniqué a la persona que me había contactado, pero insistió en que el vals de Pinglo se llamaba "La morena Rosa Luz" y deberían escribirlo de esa manera. Le sugerí que si pensaba que había un error, se comunique con los administradores de la página web en cuestión y les haga llegar su inquietud. Sin embargo, añadí, si ellos se comunican conmigo, como es muy posible lo hagan, y me piden mi opinión, les tendré que decir la verdad, el vals de Felipe Pinglo sí se llama "Rosa Luz".
Según lo contó Juan Rasilla Moreno en La Crónica del 31 de mayo de 1945, Pinglo compone el vals "Rosa Luz" en 1932. Rasilla Moreno menciona que el Maestro se inspiró en una linda morena de la Quinta Baselli, en los Barrios Altos de Lima, para componer su hermoso vals que fue cantado en todo Lima. El compositor barrioaltino Alberto Condemarín, contemporáneo con el Maestro, le contaría a Jorge Donayre que "Rosa Luz está dedicado a una encantadora joven que acompañaba a su madre, todas las tardes en su mesa de ventas de anticuchos instalada casi a la entrada de la iglesia de Cocharcas. Felipe Pinglo la consideró como una beldad del barrio, morena y tentadora" (Antología de la Música Peruana. Canción Criolla, Tomo I, Lorenzo Villanueva y Jorge Donayre, Lima 1987).
El historiador Manuel Zanutelli (Felipe Pinglo... a un siglo de distancia, Lima 1999) reproduce la letra del vals "Rosa Luz" que fue publicada en la edición No. 125 de La Lira Limeña. Dicha edición correspondería a inicios de 1932, que va de acuerdo a lo señalado por Juan Rasilla Moreno.
Ricardo Miranda Tarrillo, en la biografía sobre el Maestro que escribió para acompañar el álbum que editó la disquera Virrey (Felipe Pinglo Alva, Lima 1966), da a entender que "Rosa Luz" fue compuesto en 1929 y que fue cantado por los hermanos Carreño en el Teatro Apolo de los Barrios Altos. Miranda Tarrillo menciona además que la letra de "Rosa Luz" fue publicada en la edición No. 132 de La Lira Limeña. Pero, Miranda Tarrillo se equivoca en muchas fechas que da en la biografía que escribió sobre Felipe Pinglo. Para sustentar el año de creación de varias de las composiciones de Pinglo, Miranda Tarrillo menciona ediciones de La Lira Limeña. Sin embargo, Miranda Tarrillo no llevó una cronología adecuada sobre la fecha de publicación de las ediciones de La Lira Limeña, la cual empezó a aparecer casi a fines de 1929, y la edición que él menciona, la No. 132, es de 1932.
Por mi parte, encontré publicado el vals "Rosa Luz" en 1932, tanto en La Lira Limeña como El Cancionero de Lima. En la página 2 de la edición No. 142 de La Lira Limeña, de mediados de 1932, se publica la letra de tres composiciones de Felipe Pinglo, con una nota en la parte superior izquierda que dice: "Del repertorio de Felipe Pinglo Alva. Envío especial para La Lira Limeña". "Rosa Luz" está publicado con una nota señalando lo siguiente: "Cantado con sensacional éxito en Teatros, Radios y Cines". Las otras composiciones de Pinglo publicadas al lado de "Rosa Luz" son el vals "Sucedió en Monterrey", con una nota mencionando que era ejecutado con singular éxito en Teatros de Lima, y el fox trot "Dora", con una nota que dice: "Fox Trot de gran actualidad". Cabe señalar que "Dora" es señalado por los biógrafos y recopiladores de la obra de Pinglo como polca. Sin embargo, en la letra enviada especialmente a la Lira Limeña, posiblemente por el mismo Pinglo ya que él solía hacerlo, "Dora" figura como un fox trot, originalmente.
La edición No. 898 de El Cancionero de Lima, de Fiestas Patrias de 1932, en su página 3 publica la letra de "Rosa Luz" con la siguiente nota "Vals de moda. Exito en teatros, cines y radio". Años más tarde, El Cancionero de Lima, en su edición No. 1628 del 12 de julio de 1946, vuelve a publicar una vez más la letra de "Rosa Luz" de Felipe Pinglo, señalando que había sido grabado en discos por Jesús Vásquez, quien se encontraba en Argentina.
Como lo he mencionado líneas arriba, el vals de Felipe Pinglo se llama "Rosa Luz"; que después, con los años, le hayan cambiado de nombre no significa que debemos seguir llamándolo con su "nuevo" título. El Maestro es Patrimonio Cultural de la Nación, por lo que debemos recopilar su obra en su forma original, como él la concibió.
Carrito Picaronero y local de Lina Montedoro - Ventanilla (Callao)
variedades: Clásico - D'Chocolate - Morado - Mixto, etc. "...se caracteriza por innovar este platillo, al agregar productos nativos de la agricultura peruana, hacer nuevas mezclas de quinua y Miel de Maracuya, de papa nativa y miel de higo y el combinado de maíz morado con quinua y miel de chicha morada, entre otros..."
foto tomada de aquí
Otro carrito picaronero en Lima-Cercado
foto tomada de aquí
Industria de carritos picaroneros. Un ejemplo
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Pasajera industria de los 70s que nunca pudo con una práctica social colectiva y cohesionadora: "¡Ahora! / Picarones en su propia casa con Mamy's / ¡Y qué fácil es vivir esta alegría! / Comparta con sus niños la "fiesta" de hacerles Picarones con Picarones Mamy's, el preparado que lleva a los hogares el auténtico sabor de los criollos picarones. No importa que usted no sea picaronera profesional, porque como dice el viejo dicho criollo: "Picarón rico... aunque no sea redondo" / También hay Miel de Chancaca Mamy's para que la cosa sea completa"
foto tomada de aquí
Para los nostálgicos residentes fuera del país: Consuelo de masa preparada (nunca es lo mismo)
foto tomada de aquí
Incluso se vende la miel ya preparada (con lo fácil que es hacerla en casa)
foto tomada de aquí
Antony Bourdain atisbando el mundo por el aro de un peruanísimo picarón
Masa
1/ 2 Kg. de harina de trigo
1/4 Kg. de zapallo
1/4 Kg. de camote amarillo
1 cucharadita de anís
2 ramas de canela
25 gr. de levadura fresca
2 cucharadas de azúcar
Miel de chancaca
2 bolas chicas de chancaca o una bola grande (aprox. 500gr.)
Cáscara de piña
1 membrillo cortado en trozos
Canela a gusto
Clavo de olor a gusto
Cáscara de 2 limones
Preparación
Miel:
Poner en dos litros de agua la chancaca trozada con el resto de ingredientes. Hacer hervir y mover hasta que tome punto de espesor ligero. Retirar, entibiar y colar.
Masa:
Tanto el camote como el zapallo, se cortan en trozos y se hierven en buena cantidad de agua con la canela el anís y una pizaca de sal. Cuando estén suaves, retirarar la canela y licuar. Retirar una taza de este puré y disolver en ella la levadura fresca, esperar a que burbujee.
En un latón o cazo grande, mezclar el resto del puré con la harina . Batir enérgicamente con la mano y añadir la levadura activada. La masa debe quedar suelta pero no aguada si esto ocurriera añadir harina y si queda muy seca un poco de agua.
En un recipiente alto pero no muy ancho dejar reposar en un lugar tibio hasta el día siguiente. Debe doblar el volumen.
Con los dedos humedecidos, tomar porciones de la masa y con movimientos rápidos darle la forma de aro antes de echar a freír en abundante aceite caliente. Con una palo de caña o metal, agitar la rosca por el agujero del centro, a fin e que hinche bien. Dar vuelta para terminar de dorar, y escurrir antes de servircaliente con la miel de chancaca.
LA PICARONERA
Pregón
Recopilación de Mercedes Ayarza de Morales
Aquí están los pícaros calientitos Me llaman picaronera porque vendo picarones Me llaman picaronera porque vendo picarones Y no me llaman “ratera” cuando robo corazones ¡ Qué ricos! ¡ Qué ricos ! picarones calientitos Redondos y tostaditos y en su miel bien bañaditos Van provocando a los pillos a vejetes y chiquillos Y si los guardas un día y el picarón se enfría un hervorcito le das, borrachitos los pondrás ¡ Qué ricos! ¡ qué ricos ! picarones calientitos A cinco por medio, ¡Catay! Para cualesquiera, ¡Chumay! ¡Ay! los picarones, ¡Catay!
Letra copiada del cancionero Melodías Criollas de Aurelio Collantes (Lima, 1942)
La picardía hecha dulce
César Coloma
Los picarones son una delicia criolla y hasta Ricardo Palma, nuestro célebre tradicionista, se ocupa de ellos, señalando que, en sus tiempos, “los vendedores de Lima podían dar tema para un libro por la especialidad de sus pregones” y que “Casas había en que para saber la hora no se consultaba reloj, sino el pregón de los vendedores ambulantes”. Por ejemplo, “A las dos de la tarde la picaronera” y otros vendedores de alimentos, “atronaban con sus pregones” (“Tradiciones peruanas”, Espasa-Calpe, 1983, t. 1, pp. 367-368).
También registra “Picarón.- No es sólo aumentativo de pícaro, a, sino una especie de fruta de sartén que se asemeja a la que en España se llama buñuelo”. Y “Picaronero, a.- La persona que, por oficio, hace o vende los picarones” (“Papeletas lexicográficas”, Lima, Imprenta La Industria, 1903, p. 213).
Nuestra querida amiga Josie Sison Porras de De la Guerra rescata la antigua receta del monasterio de Santa Clara de Lima, cuyas espectaculares callejuelas, plazoletas y casitas de las monjas (como en Santa Catalina de Arequipa, pero en adobe) fueron destruídos por el salvajismo (“El Comercio”, 4 de mayo de 1986, p. C-1).
La receta de los picarones de las monjas clarisas es ésta: “Se pondrá a cocinar juntos, 1 tira de zapallo que pese 1 libra, igual de camote, ambos pelados; cuando estén cocidos se amasan bien. Estando ya fría esta masa se le mezclará más o menos 3 libras de harina de trigo, un poquito de anís, un poquito de sal y 1 vaso de chicha fuerte que no esté agria... todo esto reunido se bate bien con las manos hasta que la masa no se pegue en ellas, entonces se cubre con un paño limpio y se deja reposar 3 horas, después se fríen a cucharadas en manteca bien caliente. Se sirven con almíbar flojo o con miel de chancaca” (“El Perú y sus manjares...”, Lima, Mastergraf S.A., 1994, p. 31).
Es muy importante tener presente, como lo hemos visto, que la masa de los exquisitos picarones se prepara con zapallo y camote, ambos nativos del Perú, los cuales les dan un sabor característico e inimitable.
(Publicado en “El Comercio”, Lima, 31 de mayo de 2004, página b-5)
“¡Aquí están los pícaros calientitos!/ Me llaman picaronera/ porque vendo picarones/ y no me llaman ratera aunque robo corazones. ¡Redondos y tostaditos/ en su miel bien bañaditos,/ van provocando los pillos a vejetes y chiquillos!”
Coquetería reposteril, en pirámide, con un ojo risueño al centro, enamorador, rociado con miel de chancaca donde entran hojas de higo para darle sabor y aroma, el picarón nos traslada a épocas inolvidables, cuando las picaroneras lo preparaban en las esquinas de las calles limeñas. A veces precedidos por el anticucho solazándose en su salsa para hacer el contraste. Otros tiempos, otras costumbres, otro regalo para el paladar que llega hasta ahora.
Entre el buñuelo y el picarón hay un cierto parentesco que se remonta más allá de la choznería; porque si bien el buñuelo hispano entró primero en Lima a la sartén en una mezcla casi angelical, liviana, aristocrática y donosa de huevo, harina, leche y polvo de hornear; el picarón, partiendo del mismo tronco genealógico de ingredientes principales asumió distintas características para alegría de los comensales.
Un tono áureo que aumentaba en kilates con el zapallo príncipe y el camote con señorío de la tierra y dulzuras antioxidantes. Su sabor solía ser mas insinuante, aunque no tuviera campanillas de nobleza importadas y por lo mismo fuera más popular. ¿Quién puede atreverse a compararlos?.El buñuelo tenía la gracia de ser considerado en los villancicos navideños como preferido del infante divino: “Niño Manuelito, ¿qué quereís comer?,” dizque le preguntaban los cantores y éste respondía: “Buñuelitos fritos envueltos en miel.”
“El buñuelo se prepara también en otras partes del Perú como en Arequipa, donde antaño se vendía con miel de caña a los bañistas en la puerta de los pozos o piscinas de Tingo”, según menciona Manuel J. Bustamante de la Fuente, sin que le cediera campo el picarón, inflado como un salvavidas, que sale con su abertura al centro y redondo cual una rueda, como si las manos de la picaronera tuvieran un molde. Cada uno con su propia personalidad aunque ambos se envuelven en la misma miel; pero sin desconocer que si el primero no hubiera existido, el picarón tal vez no se hubiera inventado; y este es el lazo de inspiración que los une aunque lo demás los separe.
Es de presumir que no fue la limeña de salón de talle de avispa, que arrastraba miradas de los flecos de su manto, sabiendo que la miraban, boca de risa, hoyuelos en las mejillas, de manos mórbidas y con pies de reina, chiquitos y muy monos”, como describe Pablo Patrón, la creadora del alabado dulce.
“La preocupación de la limeña que era un ángel, sea que luciera en los salones el agradable metal de su voz, que se le viera hacer con primor toda clase de labores femeninas, que se la contemplara recogida en oración en el templo, ejercitando las obras de misericordia en los hospitales o alegre y engalanada con los arreos propios de su sexo en los paseos y en los teatros, que era muy dispuesta para la música y el baile, no fue muy aficionada a preparar ni siquiera dulces” según observa Max Radiguet.
Fue la morena que la engreía haciendo malabares en la cocina, ya familiarizada con las especies alimenticias nativas la que definitivamente introdujo en la mesa europea el camote prehispánico, oriundo de los tibios valles de la chala, la yunga y la qechwa, llamado allí kumara, acompañado por el zapallo. Cucurbitáceas cuya presencia en la culinaria nativa tiene milenios.
La distancia depende del momento en que aparece el picarón con entusiasmo en el panorama de la repostería nacional. Las crónicas que hemos investigado lo sitúan en el siglo diecinueve y quizá antes compartiendo tres épocas, el virreinato en vías de fenecer y viviendo rabiosamente sus últimos años porque entendían que se iban, la independencia y luego la república con herencia de dos mundos.
Que las morenas, inspiradas en el arte de la culinaria y la repostería, lo inventaran antes de su liberación o después no tiene importancia. Pero en el humanísimo decreto de don Ramón Castilla, dado en Huancayo, les permitió desarrollar su talento a otro nivel, porque ellas fueron las picaroneras más profesionales que tuvo Lima.
Ellas incorporaron al yantar citadino de la aldea grande, como la llama Sebastián Salazar Bondy, los apetitosos anticuchos, chunchulíes, mollejitas, pancitas y mondongos, servidos con choclos, yucas, papas o camotes, y los picarones como un postre al vuelo. Para ponerlos a punto se modeló el brasero de carbón con abanico de totora y el perol de manteca humeante llevando ya la miel hervida con clavos de olor, hojas de higo, cáscara seca de naranja y tapas de chanchaca cajamarquina o piurana.
Javier Luna Elías aprendió el pregón de la picaronera de la tradicionista Rosa Mercedes Ayarza de Morales, que lo recogió de la calle para darle abrigo. Ella encargó al “Grupo Jueves” ponerlo en circulación en sus reuniones culturales y así lo conservó en su memoria el arquitecto Luna Elías que lo concluye con una acotación ingeniosa también de las sabihondas, que tenían el placer de ofrecerlo en la fiesta y la procesión de la Virgen del Carmen en los Barrios Altos. . “...y si lo dejas un día/ y el picarón se enfría,/ un hervorcito le das/ y volverá su frescura.” Un secreto que pondremos en práctica, pues, a veces, se nos quedan algunos, se achatan y su encanto no regresa al vapor. Tiene que estar borrachito, remojado en su propia ambrosía, para volver a renacer.
No podemos afirmar con seguridad que la famosa hojarasca que se come con gusto en la fiesta de la Virgen de Cocharcas, sobre todo en Orcotuna, Junín, sea una hermana andina del buñuelo. ¡Se le parece mucho!. Pero, por qué dudar en el posible parentesco. Después de todo las fiestas religiosas fueron traídas de España y algo más tuvieron que aportar además de los rezos, las misas y los maitines en el interior, para alegría de los niños.