Teatralización contemporánea de un ritual prehispánico de los Andes Centrales
jueves, 27 de junio de 2013
Inti Raymi: Cusco 2013
domingo, 23 de junio de 2013
Inti Raymi: fiesta incaica del PERU
Venerar al Sol
Los conquistadores y los evangelizadores europeos seguro que se ponían furiosos cuando veían que los incas se reunían por miles en el mes de junio, cada solsticio de invierno, para rendir honores al sol. Andá a saber si todo ocurría como hoy puede verse, dado que el exterminio de la cultura original fue prolijo. Puede que la recreación tenga mucho de invento actual.
Pero los cusqueños de hoy lo celebran así y nadie con más derecho que ellos para reconstruir tradiciones. Nuestro portal amigo http://www.portaldeamerica.com consigna que más de 500 artistas peruanos, y con las espectaculares ruinas incas de Sacsahuaymán como escenario, representaron la fiesta tradicional. Para la ocasión se habilitaron varias tribunas de pago con capacidad para más de 3.000 personas, entre ellas turistas que desembolsan 90 dólares por cada butaca, mientras que también se puede disfrutar de la escenificación desde un cerro contiguo, a donde subieron, según los organizadores, 35.000 personas. Sin embargo, los operadores estiman que son más de 150.000 personas las que concurren a la zona incaica clásica para compartir las fiestas con los pueblos andinos. Si procedés con respeto, nadie te impide conseguir vestimenta adecuada y acompañarlos en esta y cualquier otra celebración, pues hay decenas cada año.
La celebración, que escenifica una ceremonia incaica que se realizaba anualmente en Cuzco, capital del Imperio Inca, y equivalía a las celebraciones de año nuevo, se realiza ahora con cientos de actores y extras, que acompañan con bailes y música varias escenas. El papel principal es el del Inca, encarnado en esta ocasión por el actor Edmundo Cosco Cusirimay, que va acompañado en todo momento por un séquito y es cargado en andas (sentado en un trono, es transportado por un grupo de personas).
Antes de dirigirse a Sacsahuaymán, donde durante varias horas se realiza el grueso de la representación, el Inca se acercó a la Plaza de Armas de Cuzco, donde antiguamente se realizaba el Inti Raymi, y donde se entrevistó con el actual alcalde de la ciudad, Luis Flórez, tras lo que ofreció un mensaje al pueblo cuzqueño. Pero el Inti Raymi no es la única celebración que se vio en Perú, ya que el Día del Campesino y la fiesta de San Juan también se realizan en diversas partes del país cada 24 de junio. Casualidad u oportunidad, no son las únicas celebraciones cristianas coincidentes con otras paganas.
Así, en ciudades de la sierra andina peruana como Ayacucho o Puno se realizaron las festividades del Día del Campesino con bailes, música, homenajes a tubérculos como la papa y ceremonias especiales en torno al idioma Quechua, como conferencias y veladas literarias y musicales. La fiesta de San Juan, por su parte, se celebra durante el día y la noche de hoy en las localidades de la selva amazónica peruana, como las turísticas Iquitos o Pucallpa.
No es lo mismo ir a Cusco y Macchu Picchu en cualquier momento, que coincidiendo con estas tradiciones. En la Plaza de Armas donde estuvo la capital del imperio incaico, onda junto a la bandera de Perú, la singular bandera incaica que reproduce las franjas de colores del Arco Iris, ese luminoso regalo del sol que también figura de manera relevante en el relato bíblico, cuando Jehová formaliza su promesa al hombre. De manera que todo parece diferente, pero no lo es tanto.
En el siguiente hipervínculo podrás encontrar las fechas de todas las fiestas tradicionales de Perú y de las ciudades próximas a Cusco, así como todas las fotos y la información necesaria para organizar tu viaje: http://www.aboutcusco.com/cusco/spa/festivals.asp. Es una web oficial.
Inti Raymi - fiesta incaica del PERU
El fenómeno reciente de la "intiraimización" de las fiestas andinas en Ecuador : manipulación, plagio y tergiversación (Paco Salvador)
El fenómeno reciente de la "intiraimización" de las fiestas andinas en Ecuador : manipulación, plagio y tergiversación (Paco Salvador)
martes, 23 de abril de 2013
Gourmand World Cookbook Awards 2013 : Perú
Primer lugar en la categoría "Wine Literature"
"Alegorías del pisco"
(2do lugar: Francia, 3er lugar: China)
Premio especial "Prestige awards" dado por el jurado internacional
"Diccionario de frutas y frutos del Perú"
Segundo lugar en la categoría "Cookbook of the year"
"Eden.pe"
(Cinco finalistas: Canada, China, Ecuador, Italia, Perú)
Seleccion para la categoría "Local - World cuisine"
"La gran cocina mestiza de Arequipa"
(Ganaron: 1.- Rusia, 2.- Colombia, 3.-Polonia)
http://www.cookbookfair.com
domingo, 7 de abril de 2013
La larga agonía de Edmundo Camana
El hombre de esta foto fue uno de los sobrevivientes de
la matanza de 69 campesinos en Lucanamarca. Se llamaba Edmundo Camana. Y
tenía 34 años cuando su rostro fue registrado por una cámara en un
hospital de Huamanga. Un machete le abrió el cráneo y lo dejó herido
para siempre. Ocurrió el 3 de abril de 1983. Esta semana se cumplieron
treinta años de una de las mayores atrocidades perpetradas por Sendero
Luminoso. El destino de este hombre resume el de los miles de peruanos
que murieron en un tiempo de barbarie.
Pablo Vilcachagua Cancino (*)
Veinticinco años después Edmundo volvería a mirar el lente de la cámara del fotógrafo. En todo el tiempo transcurrido no se había enterado de que su antiguo rostro gris ilustraba tapas de libros, revistas y postales, además de haberse paseado por las galerías del mundo. Tampoco que las líneas de su rostro habían encontrado el lugar perfecto para reposar durante lo que dura un clic y convertirse en un retrato del dolor. Ni que el trapo sobre su frente se había convertido en protagonista de una historia paralela que jugaba en su contra. Menos aún, que sus jóvenes ojos perdidos resumían los veinte años de sufrimiento de un país, su país.
Y no tenía por qué saberlo. La foto no se la tomaron a él sino a Celestino Ccente.
Edmundo se volvería a encontrar con la persona que, hace veinticinco años y en un quechua bien hablado, le había pedido tomarle unas fotos. Óscar Medrano, el fotógrafo de Caretas, se encontraba en Lucanamarca. Foto en mano, había preguntado a los pobladores si alguien había escuchado hablar de un tal Celestino Ccente. –No, señor, el de la foto es Edmundo Camana y es de Huancasancos. Medrano fue camino a ese pueblo, a cuarenta minutos de Lucanamarca.
“Ahhh, sí, tú viniste cuando los terrucos me hicieron mierda”. Edmundo recordaba con exactitud. En su mente había una escena de 1983; un puñado de imágenes en las que un hombre, cámara en mano, irrumpe en la sala de enfermos del hospital de Huamanga, enfoca su lente y dispara. –¿Para qué tanta foto?, pensó entonces el ayacuchano ensangrentado, mientras su rostro recibía el relumbrón del flash.
***
La primera vez que Óscar Medrano vio a Edmundo Camana fue en abril de 1983. Llevaba unos meses cubriendo lo que el terrorismo deshacía en Ayacucho. No escogía el día para viajar, tampoco su editor, nadie. Bastaba con estar allí. Sendero Luminoso se encargaría de los titulares del día siguiente.
–¿Oye, ya sabes lo de la matanza?…; primera vez que ocurre algo así. Los heridos están en el hospital de Huamanga.
Mientras Medrano escuchaba la voz de su contacto, subía al carro que lo llevaría al hospital. Tuvo suerte, fue el único fotógrafo que logró retratar a los sobrevivientes. Durante los años ochenta Sendero tenía a Ayacucho sometido a su cotidiano terror. Pero asesinar a sesenta y nueve ayacuchanos tenía un nombre: masacre. “Nos excedimos”, reconoció Abimael Guzmán en la “Entrevista del siglo”, publicada años después en el vocero senderista El Diario. Y sí, el 3 de abril de 1983, Lucanamarca fue el infierno. A las seis de la mañana sesenta senderistas partieron de Yanacollpa y pasaron por Atacacra, Llaqwa, Muylacruz rumbo a Lucanamarca. Debían matar con rifles y machetes a todo aquel que asomara en su camino. La crueldad aumentó cuando llegaron a la plaza del pueblo. Uno a uno los machetes senderistas fueron quebrando los cráneos de campesinos indefensos.
Dos semanas antes los lucanamarquinos habían dejado en claro que no iban a dar tregua a los senderistas y mataron a uno de sus cabecillas en la plaza central. La muerte de Olegario Curitomay habría encendido la ira de los senderistas.
El infortunio de Edmundo sucedería horas antes de la masacre en la plaza central. Él regresaba a Huancasancos, luego de ver a sus animales en las alturas. Entonces se topa con sus victimarios y su pesadilla comienza. Lo acusan de gamonal y a golpes lo bajan del caballo. Edmundo patea a su agresor. Otros senderistas intervienen y lo golpean. Le amarran las manos y lo obligan a caminar rumbo al lugar donde será la masacre, rumbo a la muerte, rumbo a Lucanamarca.
En el trayecto, en Muylacruz, encuentran a un grupo de pobladores en faena. Estaban abriendo una trocha. Con el temor de saber que la muerte podía estar cerca, los lucanamarquinos construían una carretera con la esperanza de que a los militares les sea más fácil llegar a defenderlos.
Los senderistas han interrumpido su marcha y dan inicio a la venganza. Las balas buscan incrustarse en algún cuerpo. Algunos escapan, diez son capturados. Edmundo será el primero en ser ejecutado. Lo arrojan al suelo. Allí, boca abajo, recibe un machetazo en la nuca. La sangre rodea su cuerpo, parece que la muerte ya lo ha alcanzado. –No hay necesidad de rematarlo, debe pensar su verdugo. Si alguien pudiera mirarlo desde el cielo, vería su cuerpo tendido sobre una sábana de sangre. Por la madrugada vuelve a la vida, logra ponerse en pie y empieza a buscar otro sobreviviente. Nadie le responde; hay diez cadáveres a su alrededor.
En medio de la oscuridad, sus pies reconocen el camino a Huancasancos. El hombre está ensangrentado, tiene una herida descomunal en la cabeza. Aquel tajo abieto con un machete llama la atención de sus vecinos. Ellos lo socorren y lo llevan al hospital de Huamanga. Sentado en una camilla ve irrumpir al señor de la cámara. Lo ve tomar fotos como quien tiene sesenta segundos para cargar con un botín. Edmundo también es capturado por el hombre de la cámara. Éste le pregunta su nombre y él hace nacer a Celestino Ccente. El área de rehabilitación del hospital de Huamanga se convertiría en su hogar por cinco largos y dolorosos meses.
***
Veo este rostro ayacuchano que sólo muestra el ojo izquierdo. El otro está cubierto por un trapo que él ha cortado con sus manos minutos antes. Edmundo mira fijamente, no llora, pero hay dolor en esos ojos. El trapo, por cuestiones que sólo el destino sabe, está alineado simétricamente y termina junto a su mejilla derecha. El triángulo formado por la tela rasgada cubre también casi toda la parte frontal de su cabeza mientras que una porción de pelos, hirsutos y desordenados, escapan a la improvisada pañoleta. Pareciese que la ley de la gravedad jala la mejilla descubierta de Edmundo. Pareciese también que el lado derecho intenta descolgarse. Su boca se desvía a un lado y su nariz la sigue mientras el dolor empieza a aparecer. Un polo blanco, una camisa a cuadros y una chompa desaliñadas completan el retrato. Sin el trapo y sin el sufrimiento dibujado en cada facción de su rostro, la foto gris de Edmundo bien podría haber estado en su libreta electoral de tres cuerpos.
***
Cuando se cumplieron veinticinco años de la masacre, Medrano decidió buscar al dueño de aquel rostro. “Quería hacer algo parecido a lo que hizo un fotógrafo de la National Geographic con una muchacha de ojos verdes”, confiesa. Se refiere a Sharbat Gula, una niña afgana fotografiada por Steve McCurry en 1984. Merecedora de un Pulitzer, la foto dio la vuelta al mundo. McCurry, luego de una intensa búsqueda, volvería a retratarla en el 2002. La primera fotografía muestra unos ojos verdes penetrantes, desafiantes, capaces de intimidar al más confiado. La foto de Edmundo muestra ojos de dolor. Es una foto gris. El fotógrafo llegó a Huancasancos en abril de 2008. No encontró a Edmundo, pero sí a Victoria, su hermana. Ella le contó que años después del machetazo él decidió irse a las alturas de Huancasancos. “El camino es largo y accidentado, pero si quieren, los llevo”. Medrano aún recuerda las palabras de Victoria.
Condorhuachana en quechua significa “donde nacen los cóndores”. En la cima de este gélido monte ayacuchano hay una cueva. Allí vivía Edmundo. Sólo conseguía moverse arrastrándose sobre la tierra. El machetazo que le quebró el cráneo y se hundió en su cerebro había estropeado ciertas funciones motoras. Por supuesto que no vivía feliz, pero vivía mejor de lo que viviría después.
El día del reencuentro murió Celestino Ccente. Medrano le contó todas las peripecias que tuvo que hacer para hallarlo; Edmundo, todas las que tuvo que hacer para esconderse. Durante veinticinco años fue “Celestino Ccente, oriundo de las alturas de Iquicha", en Huanta. Esconder su nombre le costó ser invisible para el Estado que había prometido reparar a las víctimas de la guerra interna. De todas formas Edmundo seguía convencido de que fue una buena decisión mantener con vida a Celestino Ccente por tantos años.
***
La foto se hizo conocida a partir de una muestra de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en el 2003. Se bautizó a esta exposición como Yuyanapaq, una bella palabra quechua que significa: para recordar. La mirada de Edmundo te despierta y luego te estremece. Quizás por eso fue elegida la foto símbolo de la muestra, a pesar de que a Medrano le guste más una suya tomada en el municipio de Vilcashuamán, luego de un ataque senderista. Entre los escombros y el polvo aparece un campesino enrollando el retrato recuperado del entonces presidente Belaunde. Caretas nunca publicó esta imagen. La que ilustró el reportaje de la masacre fue otra de Edmundo, con la herida descubierta. Ese machetazo caló en la parte posterior de la cabeza, la nuca para ser exactos, y dejó secuelas. Veía doble por el ojo derecho. Esa es la razón que explica el pañuelo deshilachado en escena cubriendo parte de su rostro.
El machete no mató a Edmundo, hizo algo peor: lo dejó moribundo durante veintiséis años. A partir de aquel golpe brutal, lentamente fue perdiendo capacidades visuales, motrices y sensoriales. Esa herida sería la culpable de que el personaje símbolo de la CVR haya muerto dos veces, la última y definitiva un año después del encuentro con Óscar Medrano, el 2009. Edmundo Camana tuvo la desgracia de toparse dos veces con sus asesinos. En la masacre del 83 no debía estar allí. No era de Lucanamarca. Pasar por el mismo camino que seguían los senderistas fue suficiente para ser blanco de la venganza que ellos tenían preparada para otros. Muchos años después, Edmundo, el sobreviviente, también habría pasado sus últimos días rodeado de personas que precipitaron su muerte.
***
Preocupado por su pobreza extrema, Medrano decide ayudarlo –años después se arrepentiría–. Le promete una silla de ruedas y esa idea acompaña su viaje a Lima. El fotógrafo conocía a una congresista ayacuchana y le pidió un favor. “Juana Huancahuari actuó de buena fe”, recuerda ahora. “Me dijo que antes de darle la silla de ruedas era mejor hacerle un chequeo médico general”.
Edmundo pisaría nuevamente un hospital. Esta vez no era en Huamanga, sino en Ica. Su estadía fue breve, los médicos concluyeron que su estado era delicado, pero el hospital no contaba con el instrumental necesario y Edmundo es llevado a Lima, al Instituto de Enfermedades Neurológicas, en Barrios Altos.
La voz de Medrano cambia al recordar a un político lenguaraz. Luego de soltar adjetivos nada amigables, aunque bastante certeros, confiesa que Édgar Núñez, el ex legislador aprista que ganó titulares acusando a la CVR de hacer un mal trabajo y a Medrano de trucar sus fotos, no es de su simpatía. La acusación fue desmentida, pero Medrano aún no olvida el daño y los disgustos que le causó.
Buscando siempre figuración mediática, Núñez reveló que deseaba hacerse cargo de Edmundo Camana. Es la fase terminal.
Medrano, entre tanto, quería ver a Camana por tercera vez, aún tenía cosas que conversar con él. En marzo del 2009 vuelve a pisar su rastro y llega al Instituto de Enfermedades Neurológicas. Allí se entera de que no puede verlo. Debe estar muy mal, piensa, y decide volver otro día.
El fotógrafo nunca había oído hablar de Raúl Jiménez, quien decía ser sobrino de Edmundo. Luego se entera de que Jiménez se sometía a los designios de Núñez. Inexplicablemente el sobrino firma el pedido de alta voluntaria para que su tío abandone el Instituto de Enfermedades Neurológicas y sea conducido al Hospital Militar. Edmundo es confinado en ese nosocomio y le impiden recibir visitas. Sólo un diario, “Expreso”, lograría una entrevista. El paciente ataca a la CVR y se queja de los organismos de derechos humanos. “Le pusieron palabras, cosas que no eran de su léxico, él no hablaba así, yo lo conocía”, reclama Medrano, aún con impotencia.
El veinte de marzo del 2009 Edmundo ingresó vivo y estable al Hospital Militar, cuatro días después se certificaría su muerte. Un edema pulmonar y cerebral habrían sido las causas. Por si faltara otra, Núñez afirmó que Camana no pudo resistir a estar sobrio.
Edmundo nunca imaginó que sus ojos iban a resumir los cerca de veinte años de sufrimiento por terrorismo que vivió el Perú. Su vida se convirtió en un trofeo. Luego de fallecer, organizaciones de derechos humanos exigieron explicaciones sobre su extraña y aislada muerte. Édgar Núñez, Raúl Jiménez y las autoridades del Hospital Militar ocultaron información sobre este último poblador de los andes ayacuchanos. Exigieron más aclaraciones pero nunca las encontraron. De todas formas Edmundo ya andaba muerto desde el 3 de abril del 83, el día en que un machetazo le abrió el cráneo y se hundió en su cerebro.
(*) Estudiante de periodismo - UARM
http://www.larepublica.pe/05-04-2013/lucanamarca-la-larga-agonia-de-edmundo-camana
Pablo Vilcachagua Cancino (*)
Veinticinco años después Edmundo volvería a mirar el lente de la cámara del fotógrafo. En todo el tiempo transcurrido no se había enterado de que su antiguo rostro gris ilustraba tapas de libros, revistas y postales, además de haberse paseado por las galerías del mundo. Tampoco que las líneas de su rostro habían encontrado el lugar perfecto para reposar durante lo que dura un clic y convertirse en un retrato del dolor. Ni que el trapo sobre su frente se había convertido en protagonista de una historia paralela que jugaba en su contra. Menos aún, que sus jóvenes ojos perdidos resumían los veinte años de sufrimiento de un país, su país.
Y no tenía por qué saberlo. La foto no se la tomaron a él sino a Celestino Ccente.
Edmundo se volvería a encontrar con la persona que, hace veinticinco años y en un quechua bien hablado, le había pedido tomarle unas fotos. Óscar Medrano, el fotógrafo de Caretas, se encontraba en Lucanamarca. Foto en mano, había preguntado a los pobladores si alguien había escuchado hablar de un tal Celestino Ccente. –No, señor, el de la foto es Edmundo Camana y es de Huancasancos. Medrano fue camino a ese pueblo, a cuarenta minutos de Lucanamarca.
“Ahhh, sí, tú viniste cuando los terrucos me hicieron mierda”. Edmundo recordaba con exactitud. En su mente había una escena de 1983; un puñado de imágenes en las que un hombre, cámara en mano, irrumpe en la sala de enfermos del hospital de Huamanga, enfoca su lente y dispara. –¿Para qué tanta foto?, pensó entonces el ayacuchano ensangrentado, mientras su rostro recibía el relumbrón del flash.
***
La primera vez que Óscar Medrano vio a Edmundo Camana fue en abril de 1983. Llevaba unos meses cubriendo lo que el terrorismo deshacía en Ayacucho. No escogía el día para viajar, tampoco su editor, nadie. Bastaba con estar allí. Sendero Luminoso se encargaría de los titulares del día siguiente.
–¿Oye, ya sabes lo de la matanza?…; primera vez que ocurre algo así. Los heridos están en el hospital de Huamanga.
Mientras Medrano escuchaba la voz de su contacto, subía al carro que lo llevaría al hospital. Tuvo suerte, fue el único fotógrafo que logró retratar a los sobrevivientes. Durante los años ochenta Sendero tenía a Ayacucho sometido a su cotidiano terror. Pero asesinar a sesenta y nueve ayacuchanos tenía un nombre: masacre. “Nos excedimos”, reconoció Abimael Guzmán en la “Entrevista del siglo”, publicada años después en el vocero senderista El Diario. Y sí, el 3 de abril de 1983, Lucanamarca fue el infierno. A las seis de la mañana sesenta senderistas partieron de Yanacollpa y pasaron por Atacacra, Llaqwa, Muylacruz rumbo a Lucanamarca. Debían matar con rifles y machetes a todo aquel que asomara en su camino. La crueldad aumentó cuando llegaron a la plaza del pueblo. Uno a uno los machetes senderistas fueron quebrando los cráneos de campesinos indefensos.
Dos semanas antes los lucanamarquinos habían dejado en claro que no iban a dar tregua a los senderistas y mataron a uno de sus cabecillas en la plaza central. La muerte de Olegario Curitomay habría encendido la ira de los senderistas.
El infortunio de Edmundo sucedería horas antes de la masacre en la plaza central. Él regresaba a Huancasancos, luego de ver a sus animales en las alturas. Entonces se topa con sus victimarios y su pesadilla comienza. Lo acusan de gamonal y a golpes lo bajan del caballo. Edmundo patea a su agresor. Otros senderistas intervienen y lo golpean. Le amarran las manos y lo obligan a caminar rumbo al lugar donde será la masacre, rumbo a la muerte, rumbo a Lucanamarca.
En el trayecto, en Muylacruz, encuentran a un grupo de pobladores en faena. Estaban abriendo una trocha. Con el temor de saber que la muerte podía estar cerca, los lucanamarquinos construían una carretera con la esperanza de que a los militares les sea más fácil llegar a defenderlos.
Los senderistas han interrumpido su marcha y dan inicio a la venganza. Las balas buscan incrustarse en algún cuerpo. Algunos escapan, diez son capturados. Edmundo será el primero en ser ejecutado. Lo arrojan al suelo. Allí, boca abajo, recibe un machetazo en la nuca. La sangre rodea su cuerpo, parece que la muerte ya lo ha alcanzado. –No hay necesidad de rematarlo, debe pensar su verdugo. Si alguien pudiera mirarlo desde el cielo, vería su cuerpo tendido sobre una sábana de sangre. Por la madrugada vuelve a la vida, logra ponerse en pie y empieza a buscar otro sobreviviente. Nadie le responde; hay diez cadáveres a su alrededor.
En medio de la oscuridad, sus pies reconocen el camino a Huancasancos. El hombre está ensangrentado, tiene una herida descomunal en la cabeza. Aquel tajo abieto con un machete llama la atención de sus vecinos. Ellos lo socorren y lo llevan al hospital de Huamanga. Sentado en una camilla ve irrumpir al señor de la cámara. Lo ve tomar fotos como quien tiene sesenta segundos para cargar con un botín. Edmundo también es capturado por el hombre de la cámara. Éste le pregunta su nombre y él hace nacer a Celestino Ccente. El área de rehabilitación del hospital de Huamanga se convertiría en su hogar por cinco largos y dolorosos meses.
***
Veo este rostro ayacuchano que sólo muestra el ojo izquierdo. El otro está cubierto por un trapo que él ha cortado con sus manos minutos antes. Edmundo mira fijamente, no llora, pero hay dolor en esos ojos. El trapo, por cuestiones que sólo el destino sabe, está alineado simétricamente y termina junto a su mejilla derecha. El triángulo formado por la tela rasgada cubre también casi toda la parte frontal de su cabeza mientras que una porción de pelos, hirsutos y desordenados, escapan a la improvisada pañoleta. Pareciese que la ley de la gravedad jala la mejilla descubierta de Edmundo. Pareciese también que el lado derecho intenta descolgarse. Su boca se desvía a un lado y su nariz la sigue mientras el dolor empieza a aparecer. Un polo blanco, una camisa a cuadros y una chompa desaliñadas completan el retrato. Sin el trapo y sin el sufrimiento dibujado en cada facción de su rostro, la foto gris de Edmundo bien podría haber estado en su libreta electoral de tres cuerpos.
***
Cuando se cumplieron veinticinco años de la masacre, Medrano decidió buscar al dueño de aquel rostro. “Quería hacer algo parecido a lo que hizo un fotógrafo de la National Geographic con una muchacha de ojos verdes”, confiesa. Se refiere a Sharbat Gula, una niña afgana fotografiada por Steve McCurry en 1984. Merecedora de un Pulitzer, la foto dio la vuelta al mundo. McCurry, luego de una intensa búsqueda, volvería a retratarla en el 2002. La primera fotografía muestra unos ojos verdes penetrantes, desafiantes, capaces de intimidar al más confiado. La foto de Edmundo muestra ojos de dolor. Es una foto gris. El fotógrafo llegó a Huancasancos en abril de 2008. No encontró a Edmundo, pero sí a Victoria, su hermana. Ella le contó que años después del machetazo él decidió irse a las alturas de Huancasancos. “El camino es largo y accidentado, pero si quieren, los llevo”. Medrano aún recuerda las palabras de Victoria.
Condorhuachana en quechua significa “donde nacen los cóndores”. En la cima de este gélido monte ayacuchano hay una cueva. Allí vivía Edmundo. Sólo conseguía moverse arrastrándose sobre la tierra. El machetazo que le quebró el cráneo y se hundió en su cerebro había estropeado ciertas funciones motoras. Por supuesto que no vivía feliz, pero vivía mejor de lo que viviría después.
El día del reencuentro murió Celestino Ccente. Medrano le contó todas las peripecias que tuvo que hacer para hallarlo; Edmundo, todas las que tuvo que hacer para esconderse. Durante veinticinco años fue “Celestino Ccente, oriundo de las alturas de Iquicha", en Huanta. Esconder su nombre le costó ser invisible para el Estado que había prometido reparar a las víctimas de la guerra interna. De todas formas Edmundo seguía convencido de que fue una buena decisión mantener con vida a Celestino Ccente por tantos años.
***
La foto se hizo conocida a partir de una muestra de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en el 2003. Se bautizó a esta exposición como Yuyanapaq, una bella palabra quechua que significa: para recordar. La mirada de Edmundo te despierta y luego te estremece. Quizás por eso fue elegida la foto símbolo de la muestra, a pesar de que a Medrano le guste más una suya tomada en el municipio de Vilcashuamán, luego de un ataque senderista. Entre los escombros y el polvo aparece un campesino enrollando el retrato recuperado del entonces presidente Belaunde. Caretas nunca publicó esta imagen. La que ilustró el reportaje de la masacre fue otra de Edmundo, con la herida descubierta. Ese machetazo caló en la parte posterior de la cabeza, la nuca para ser exactos, y dejó secuelas. Veía doble por el ojo derecho. Esa es la razón que explica el pañuelo deshilachado en escena cubriendo parte de su rostro.
El machete no mató a Edmundo, hizo algo peor: lo dejó moribundo durante veintiséis años. A partir de aquel golpe brutal, lentamente fue perdiendo capacidades visuales, motrices y sensoriales. Esa herida sería la culpable de que el personaje símbolo de la CVR haya muerto dos veces, la última y definitiva un año después del encuentro con Óscar Medrano, el 2009. Edmundo Camana tuvo la desgracia de toparse dos veces con sus asesinos. En la masacre del 83 no debía estar allí. No era de Lucanamarca. Pasar por el mismo camino que seguían los senderistas fue suficiente para ser blanco de la venganza que ellos tenían preparada para otros. Muchos años después, Edmundo, el sobreviviente, también habría pasado sus últimos días rodeado de personas que precipitaron su muerte.
***
Preocupado por su pobreza extrema, Medrano decide ayudarlo –años después se arrepentiría–. Le promete una silla de ruedas y esa idea acompaña su viaje a Lima. El fotógrafo conocía a una congresista ayacuchana y le pidió un favor. “Juana Huancahuari actuó de buena fe”, recuerda ahora. “Me dijo que antes de darle la silla de ruedas era mejor hacerle un chequeo médico general”.
Edmundo pisaría nuevamente un hospital. Esta vez no era en Huamanga, sino en Ica. Su estadía fue breve, los médicos concluyeron que su estado era delicado, pero el hospital no contaba con el instrumental necesario y Edmundo es llevado a Lima, al Instituto de Enfermedades Neurológicas, en Barrios Altos.
La voz de Medrano cambia al recordar a un político lenguaraz. Luego de soltar adjetivos nada amigables, aunque bastante certeros, confiesa que Édgar Núñez, el ex legislador aprista que ganó titulares acusando a la CVR de hacer un mal trabajo y a Medrano de trucar sus fotos, no es de su simpatía. La acusación fue desmentida, pero Medrano aún no olvida el daño y los disgustos que le causó.
Buscando siempre figuración mediática, Núñez reveló que deseaba hacerse cargo de Edmundo Camana. Es la fase terminal.
Medrano, entre tanto, quería ver a Camana por tercera vez, aún tenía cosas que conversar con él. En marzo del 2009 vuelve a pisar su rastro y llega al Instituto de Enfermedades Neurológicas. Allí se entera de que no puede verlo. Debe estar muy mal, piensa, y decide volver otro día.
El fotógrafo nunca había oído hablar de Raúl Jiménez, quien decía ser sobrino de Edmundo. Luego se entera de que Jiménez se sometía a los designios de Núñez. Inexplicablemente el sobrino firma el pedido de alta voluntaria para que su tío abandone el Instituto de Enfermedades Neurológicas y sea conducido al Hospital Militar. Edmundo es confinado en ese nosocomio y le impiden recibir visitas. Sólo un diario, “Expreso”, lograría una entrevista. El paciente ataca a la CVR y se queja de los organismos de derechos humanos. “Le pusieron palabras, cosas que no eran de su léxico, él no hablaba así, yo lo conocía”, reclama Medrano, aún con impotencia.
El veinte de marzo del 2009 Edmundo ingresó vivo y estable al Hospital Militar, cuatro días después se certificaría su muerte. Un edema pulmonar y cerebral habrían sido las causas. Por si faltara otra, Núñez afirmó que Camana no pudo resistir a estar sobrio.
Edmundo nunca imaginó que sus ojos iban a resumir los cerca de veinte años de sufrimiento por terrorismo que vivió el Perú. Su vida se convirtió en un trofeo. Luego de fallecer, organizaciones de derechos humanos exigieron explicaciones sobre su extraña y aislada muerte. Édgar Núñez, Raúl Jiménez y las autoridades del Hospital Militar ocultaron información sobre este último poblador de los andes ayacuchanos. Exigieron más aclaraciones pero nunca las encontraron. De todas formas Edmundo ya andaba muerto desde el 3 de abril del 83, el día en que un machetazo le abrió el cráneo y se hundió en su cerebro.
(*) Estudiante de periodismo - UARM
http://www.larepublica.pe/05-04-2013/lucanamarca-la-larga-agonia-de-edmundo-camana
domingo, 31 de marzo de 2013
Perú generoso: 200 alpacas peruanas a Ecuador
Hay una inexactitud en el título. Ecuador no ha tenido casi camélidos, mal podría "mejorar" la genética de sus ejemplares. No hay a la fecha, evidencias arqueológicas concluyentes sobre su presencia significativa en dicho territorio antes de los incas, quienes seguramente llevaron algunos rebaños para satisfacer su demanda de textiles, tan importantes en su organización estatal, pero que igual, terminaron desvaneciendo su efímera presencia una vez consumada la conquista hispana . A la fecha el país vecino no aparece siquiera en las estadísticas mundiales. Sin embargo desde hace unas tres décadas (los 80 más o menos) se ha propuesto con políticas de Estado, introducirlos en su país desde ejemplares provenientes del Perú (llamas y alpacas).
Se hace necesario regular muy cuidadosamente la protección de nuestro patrimonio genético, pues, una especie prestigiada como la alpaca, que ha tomado a nuestros antepasados milenios domesticar, aparece cada vez más en los folletos y videos turísticos del país vecino, y como en otros aspectos de su historiografía (la referida a los incas sobretodo), ya están empezando a surgir versiones surrealistas sobre la presencia de esta especie en su territorio, a la que mencionan como animales de "nuestros antepasados".
Esto hace recordar los ejemplares peruanos que "Chile exporta" al mundo, o cómo los criadores de truchas peruanos han enseñado generosamente sus técnicas a los bolivianos para que críen truchas en su territorio, especie que están incorporando a su gastronomía en los últimos 6 o 7 años.
Porqué el Perú es tan generoso, qué ha recibido a cambio... ¿nuestros vecinos nos exportarían sus especies nativas en las mismas condiciones? ¿tortugas galápagos o quirquinchos, por ejemplo?
Este reproche no es sólo en relación a países vecinos (hermanos, a fin de cuentas), sino a otros más prósperos que ya vienen haciendo pingües proyectos económicos con nuestro patrimonio genético: Australia, Nueva Zelanda, Japón, Estados Unidos, Gran Bretaña, Suiza... Un patrimonio genético es para compatirlo con el mundo, pero bajo regulaciones que dejen en claro el origen (un reconocimiento moral básico) y el pago de derechos de uso. En eso estamos aún en pañales y por el momento sólo nos queda bloggear para promover mayor conciencia sobre el problema.
Llamas bellamente enjaezadas del valle del Colca (Arequipa)
Alpaca en Machu Picchu (Cusco)
Vicuña de Pampa Galeras (Ayacucho)
Ecuador importa de Perú 200 alpacas para mejoramiento genético
Quito, 28 mar (EFE).- Ecuador importó de Perú 200 alpacas para mejorar la calidad genética de los animales de su tipo en esta nación andina, informó hoy el Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (MAGAP).
La medida se dio en beneficio de los pequeños productores a cargo de la mencionada especie en el marco del proyecto nacional de Manejo y Comercialización de Ovinos, Caprinos y Camélidos en el país.
Según el MAGAP, en un recorrido terrestre de aproximadamente 2.000 kilómetros, las 200 alpacas pasaron por la ciudad de Loja el pasado lunes "en buen estado de salud", para continuar el viaje hasta la provincia andina de Cotopaxi.
En esa provincia se entregarán las alpacas de forma gratuita a pequeños agricultores para la repoblación y mejoramiento genético de sus animales.
La lana de ese animal se aprovechará para la elaboración de vestuarios y otros productos, lo que prevén contribuya al desarrollo socio económico de las comunidades.
http://www.eleconomista.es/medio-ambiente-eAm/noticias/4708349/03/13/Ecuador-importa-de-Peru-200-alpacas-para-mejoramiento-genetico.html
sábado, 30 de marzo de 2013
La fortaleza de Vilcabamba (Valle de Vilcabamba -Cusco)
En el Valle de Vilcabamba, al norte de la ciudad de Cusco, se dió la última resistencia inca. Manco Inca Yupanqui, Sayri Túpac Inca, Titu Cusi Yupanqui y Túpac Amaru I sucesivamente, son los cuatro incas oficiales posteriores a Huáscar y Atahualpa. Desde la Fortaleza de Vilcabamba, resistieron por ¡35 años! hasta la ominosa ejecución de Túpac Amaru I, por orden del Virrey Toledo. Esta nota da cuenta de los ya probados antecedentes wari del asentamiento donde estuvo la fortaleza, y de la notable monumentalidad alcanzada.
Vilcabamba, una majestuosa fortaleza tallada por waris e incas
Por: Adelayda Letona
RPP - Sábado, 21 de Abril 2012
El distrito de Vilcabamba, ubicado en la provincia de La Convención, en Cusco, recientemente fue escenario de enfrentamientos entre las fuerzas armadas y senderistas, tras el secuestro y liberación de 36 trabajadores vinculados al proyecto Camisea, en el Perú.
Este pueblo más allá de la violencia vivida en los últimos días, es una localidad que tiene esperanzas y deseos de superación; posee una envidiable geografía fértil para la producción, sino importantes vestigios de origen inca y preínca, como son los centros arqueológicos de Rosaspata Vitkos, Espíritu Pampa, Wari y gente progresista.
El distrito de Vilcabamba se localiza entre los mil y 3 mil 900 metros sobre el nivel del mar; es decir en ceja de selva y plena cordillera divisoria. Su nombre etimológicamente proviene de los vocablos de la lengua quechua Willka que significa sagrado y Pampa que es planicie; denominación otorgada por la gran significación mística y religiosa que tenía para los antigos habitantes.
Este distrito se constituyó entre 1530 y 1572, el último escenario donde los incas que precedieron a Atahualpa combatieron a los españoles, antes de caer bajo su dominio. Ellos fueron: Manco Inca Yupanqui, Sayri Túpac Inca, Titu Cusi Yupanqui y Túpac Amaru I.
Se considera que las construcciones existentes aún en Rosaspata Vitcos así como en Espiritu Pampa (Vilcabamba vieja o antigua) fueron las fortalezas donde se gestaron las últimas batallas del imperio del Tawantinsuyo.
Al final la ciudad fue quemada y con el paso de los años la densa vegetación cubrió sus estructuras intentando dejarla en el olvido.
En la actualidad diversos estudios aún generan polémica sobre los hallazgos, denominaciones y descubrimientos realizados en el sitio arqueológico de Vilcabamba. Algunos consideran que el último refugio de los incas sería Choquequiraw.
Recientemente, el 24 de febrero del 2011, la Dirección Regional de Cultura informó que luego de varios años de exploración fue hallada la tumba de un noble de la cultura Wari en el sector denominado Tumba de Espiritupampa.
El hallazgo estuvo a cargo del arqueólogo Javier Fonseca Santa Cruz, quien reveló que la iconografía, morfología y técnicas de los objetos hallados, corresponden a la civilización preínca Wari, que floreció entre el año 600 y 1.200 después de nuestra era.
Cabe señalar que en aquella ocasión se halló una cesta conteniendo un pectoral de plata en forma de “Y”, además de una máscara del mismo material con una figura antropomorfa.
Asimismo, el atuendo del personaje noble enterrado en este sector se complementaba con dos brazaletes de oro.
Esta evidencia ha llevado a los especialistas a plantear la hipótesis de que la ciudad de Espiritupampa fue reocupada por los Incas, que ampliaron, perfeccionaron y modificaron los patrones constructivos de la antigua ciudad Wari.
Fotos
Fuente: Privada |
Cortesía: Ludgardo Camargo
1- Vilcabamba no solo posee una
envidiable geografía fértil para la producción, sino importantes
vestigios de origen inca y preínca
2 - Entre los vestigios de origen inca y preínca están los centros
arqueológicos de Rosaspata Vitkos, Espíritu Pampa y de los Wari.
3 - Vilcabamba se localiza entre los mil y 3 mil 900 metros sobre el
nivel del mar; es decir en ceja de selva y plena cordillera divisoria.
4 - Su nombre etimológicamente proviene de los vocablos de la lengua
quechua Willca que significa sagrado y Pampa que es planicie.
5 - Este distrito se constituyó entre 1530 y 1572, el último escenario
donde los incas que precedieron a Atahualpa combatieron a los españoles,
antes de caer bajo su dominio.
6 - Se considera que Rosaspata Vitcos, así como Espiritu Pampa
(Vilcabamba vieja o antigua) fueron las fortalezas desde donde se
gestaron las últimas batallas del imperio del Tahuantinsuyo.
7 - En la actualidad diversos estudios aún generan polémica sobre los
hallazgos, denominaciones y descubrimientos realizados en el sitio
arqueológico de Vilcabamba.
8 - Algunos consideran que el último refugio de los incas sería Choquequiraw.
10 - El hallazgo estuvo a cargo del arqueólogo Javier Fonseca Santa Cruz, quien reveló que la iconografía, morfología y técnicas de los objetos hallados, corresponden a la civilización preínca Wari.
11 - En la actualidad diversos estudios aún generan
polémica sobre los hallazgos, denominaciones y descubrimientos
realizados en el sitio arqueológico de Vilcabamba.
12 - En la actualidad diversos estudios aún generan polémica sobre los
hallazgos, denominaciones y descubrimientos realizados en el sitio
arqueológico de Vilcabamba.
http://www.rpp.com.pe/2012-04-21-vilcabamba-una-majestuosa-fortaleza-tallada-por-waris-e-incas-noticia_474056.html
viernes, 29 de marzo de 2013
Irq’i Yachay - Museo de arte de niños andinos (Perú)
La Asociación Cultural Ayllu Yupaychay realiza una interesante labor educativa para el desarrollo humano integral de nuestros niños que viven en zonas rurales. Una de sus actividades más interesantes es el desarrollo de un museo donde se exponen las expresiones artísticas de las wawas:
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viernes, 15 de marzo de 2013
Seco de pollo o carne: receta infalible
El seco en sus distintas variantes, es un plato oriundo de la costa centro y norte del Perú (Ica, Lima, Trujillo, Lambayeque, Piura, Tumbes), preparado desde época colonial a influencia de la cocina morisca. El concepto del "seco" alude a la amalgama, evaporación y concentración de ingredientes para formar una salsa que embebe la carne cuando se cocina. Los distintos tipos de "secos" que hay en el Perú se remiten a esta base conceptual. La intensidad de los sabores de los ingredientes (sobretodo el culantro ó cilantro y la CHICHA) es decisiva para darle el sabor especial, inconfundible, que tiene. Al combinar este guiso con arroz, papa o yuca tierna, o tamalito verde, se obtiene uno de los mayores placeres de la vida. Si se usa carne roja, poner las dos tazas de chicha y cocinar igual que la gallina: a fuego bajo y por una hora aproximadamente.
Todo cocinero o cocinera pone su "toque" personal al preparar un plato. Un ingrediente más, otro menos... un proceso más, otro menos... pero el resultado siempre es el afianzamiento de una cultura culinaria que nos identifica.
Si bien es cotidiano cocinar en olla y en cocina a gas o éléctrica, el mejor seco peruano se hace en ollas de barro y cocimiento a leña (¡cuidemos los algarrobales!). Al servir, se acompaña idealmente con su "poto" de chicha y su ají.
Ingredientes para 4 personas:
4 piezas de pollo o gallina
1/2 atado de culantro (llámese también cilantro)
2 ajíes verdes (en realidad son amarillos, pero así se les llama), frescos y sin pepas
1 cebolla morada (arequipeña), de tamaño mediano, en trozos
2 o 3 dientes de ajo pelados
1 y 1/2 tazas de chicha (clarita o de jora, a gusto) - pueden ser hasta dos.
sal, pimineta y comino a discreción
aceite
Guarnición:
4 papas regulares (no muy harinosas) o en su defecto, yuca.
1 taza de arverjas (llámense guisantes)
1 zanahoria grande, pelada y cortada en bastones o rodajas.
Algunos choclitos tiernos
Arroz graneado
Opcional:
Un cubito de caldo de pollo o gallina
Unas cuantas ramas de perejil
Una pizca de azúcar
Preparación Arroz graneado
Opcional:
Un cubito de caldo de pollo o gallina
Unas cuantas ramas de perejil
Una pizca de azúcar
- Sofría el ajo triturado o molido en aceite. Sin que llegue a dorar, coloque las presas de pollo o gallina y tape la olla. Cuando haya sudado y comenzado ponerse la carne blanca, destape la olla y deje dorar las presas un poco.
- Mientras tanto, poner en la licuadora: el culantro (y el perejil, si desea) los ajíes, la cebolla y la chicha. Licuar hasta amalgamar bien todo (antes que existieran licuadoras, los ingredientes pasaban por el batán y luego se echaban a la olla con la chicha).
- Cuando las presas de pollo o gallina hayan dorado un poco, echar este licuado. Sazone con sal, pimienta y comino al gusto. Si va a usar el cubo de caldo, añádalo (si los ingredientes son frescos y buenos, no es necesario), también si prefiere echar un toque de azúcar, hágalo en ese momento (este factor dependerá del dulzor propio de la chicha). Tape la olla y cocine a fuego mediano por una media hora o poco más ( si usa gallina, baje a fuego lento y cocine por casi el doble de tiempo), hasta que el líquido de la chicha se haya consumido y tome punto de salsa.
- Sancochar las papas (sin pelar) o los trozos de yuca (pelada) en agua con sal.
- Sancochar también las arverjitas y la zanahoria en agua con sal (mi toque es añadir una pizca de azúcar al agua para que la zanahoria se sienta más tierna); no sancocharlas mucho, sólo lo necesario para que cozan y que conserven su tersura.
- Preparar un arroz graneado blanco.
- Sancochar los choclos tiernos en agua con sal, anís y una pizca de azúcar.
- En el plato, poner arroz, la presa de pollo o gallina, una papa pelada, un trozo de yuca, o un tamalito verde, amén de un poco de arverjitas y zanahorias. Cubrir todo con la salsa. Si desea, adorne con perejil o tiritas de aji verde, o tiritas de pimiento rojo.
- Por último, si desea también, acomode una rodaja de choclo tierno al costado.
(esta foto es de: http://libroderecetas.com/receta/seco-de-pollo)

La varidedad de secos que hay en el Perú (al costado siempre va uno o más tipos de salsas de ají):
Seco de cabrito con frejoles y tamal verde pirurano, al lado, chicha en "poto"
(esta foto es de: http://knowledge96.wordpress.com/category/uncategorized/page/2/)
seco de carne de vacuno
(con arroz blanco, menestra y salsa criolla; en vez de la menestra se puede guarnecer también con papa o yuca sancochada)
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Diferencias con el seco de pollo ecuatoriano:
- Nunca se guarnece con palta, ni con papas doradas ni con plátano frito.
- No se usa tomate en la salsa, ni en pasta, ni fresco. Tampoco se usa pimiento.
- Se usa abundante culantro o cilantro, al punto que la salsa del seco peruano no deja de tener un color verduzco.
- En el seco de pollo ecuatoriano se suele usar cerveza. En todos los secos que se hacen en el Perú (seco de carne de vacuno, seco de cabrito, seco de cordero, etc.) siempre se ha usado por tradición espontánea, chicha (pero tiene que ser chicha de la buena).
- El arroz es blanco, no amarillo (es decir, coloreado con achiote o palillo).
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martes, 12 de marzo de 2013
Quinua.pe
En este portal encontramos información no sólo sobre la quinua, "grano de oro de los incas", sino sobre otros granos andinos como la quiwicha, la cañihua o el tarwi...
domingo, 24 de febrero de 2013
Quimba fa malambo ñeque - afronegrismos en el Perú
En 1988 Fernando Romero publicó el libro "Quimba fa Malambo Ñeque - Afronegrismos en el Perú " (Lima : Instituto de Estudios Peruanos).
Abajo, un par de canciones que este trabajo ha inspirado, con puro punche y más ñeque.
Con fuerza y con Ñeque - La Paz
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